Las bibliotecas públicas en España. Una realidad abierta

Hilario Hernández

 


            1. Una realidad abierta

                        1.1. El punto de partida

                        1.2. Cómo se ha realizado este estudio

                                   1.2.1. Encuesta a la población

                                   1.2.2. Encuesta a políticos y profesionales

                                   1.2.3. Encuesta a los bibliotecarios

                                   1.2.4. Análisis estadístico de las bibliotecas públicas: 1990-1998

            2. Qué bibliotecas públicas hay en el Estado español 

                        2.1. Antes de entrar en los datos 

                        2.2. El número de bibliotecas públicas 

                        2.3. Los puntos de servicio de las bibliotecas públicas

                        2.4. El espacio

                        2.5. Los recursos informativos

                        2.6. Los recursos humanos y económicos   

            3. Usos, servicios y actividades de las bibliotecas públicas

                        3.1 Qué ciudadanos utilizan las BP

                        3.2. Qué servicios ofrecen

                        3.3. El préstamo, el servicio estrella

                        3.4. Otros servicios 

                        3.5. Usos y desusos

            4. La imagen proyectada

                        4.1. Un perfil en claroscuro 

                        4.2. Expectativas y oportunidades de futuro 

            Conclusiones

            Recomendaciones 

            Notas


 

1.     Una realidad abierta

1.1. El punto de partida

Las bibliotecas públicas (BP) han conocido en el Estado español un desarrollo sin precedentes en los últimos veinte años, como servicios públicos que garantizan a todos los ciudadanos el acceso a la cultura y a la información. Y no sólo se han extendido en ciudades, barrios o pequeñas localidades; en muchos de ellos se han modernizado y se están transformando en un servicio indispensable para que el acceso al conocimiento en la nueva sociedad de la información pueda ser un ejercicio abierto a todos los ciudadanos en una sociedad democrática. Es un papel que cumplen con éxito, no sólo en muchas ciudades del Estado, sino también en buena parte de los países más desarrollados y, de manera específica, en muchos de los países de la Unión Europea.

Cuando en este trabajo se habla de bibliotecas públicas, se hace referencia no a todas las bibliotecas creadas o que dependen de algún organismo de la administración pública, sea ésta local, autonómica o estatal, sino a aquellas que además ofrecen sus servicios “sobre la base de la igualdad de acceso para todas las personas, sin tener en cuenta su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o condición social.[1] Son, mayoritariamente, en el Estado español, las bibliotecas municipales que mantienen los ayuntamientos, más aquellas gestionadas por la administración autonómica, y que se conocen generalmente con la denominación de “biblioteca pública” y, en algunas ciudades, como “biblioteca popular”.

En el ámbito internacional, “una biblioteca pública es una organización establecida, apoyada y financiada por la comunidad, tanto a través del gobierno local, regional y nacional, como a través de algunas otras formas de organización de la comunidad. Proporciona acceso al conocimiento, la información y los trabajos de la creatividad humana, a través de una variedad de recursos y servicios, y está igualmente disponible para todos los miembros de la comunidad independientemente de la raza, nacionalidad, edad, género, religión, idioma, discapacidad, posición económica o posición de empleo y nivel educativo”.[2]

Además, el servicio de BP debe entenderse como un sistema, como un conjunto interrelacionado de centros bibliotecarios que prestan servicio a una población determinada. El concepto de BP hace referencia no a un edificio, ni a una colección de libros, ni siquiera a un centro bibliotecario aislado o independiente, sino al servicio público de que se dota la sociedad para garantizar que todos sus ciudadanos tengan la posibilidad, allá donde residan, de acceder en igualdad de oportunidades a la cultura, la información y el conocimiento.

En definitiva, al hablar de BP se hace mención a las bibliotecas que están al servicio de una comunidad determinada, ya sea un barrio, un pueblo o ciudad, una comarca o provincia; que atienden a todos sus habitantes, cualquiera que sea su edad o su dedicación, y por lo general de forma gratuita; cuentan con fondos sobre todas las materias; son al tiempo centros de información y centros culturales, fomentan la lectura y brindan apoyo a la educación formal y el autoaprendizaje.[3]

Pues bien, en 1998 había en total 3.763 BP, un 53 por ciento más que en 1990, y contaban con casi 4.100 puntos de servicio, es decir, lugares a través de los cuales las bibliotecas ofrecen sus servicios, sea el propio edificio de la biblioteca, un bibliobús o el servicio de verano en una piscina o un parque. En total, casi 3.000 municipios del Estado español (2.985 exactamente) disponían en 1998 de al menos una biblioteca pública, municipios en los que reside el 92 por ciento de la población, a pesar de representar poco más de un tercio de los municipios existentes en el Estado. Entre los municipios de más de 5.000 habitantes, la obligación establecida por la ley de prestar servicios de BP [4] es cumplida por la inmensa mayoría (el 93,5 por ciento) de ellos y, en las localidades de menor población, cerca de 2.000 ayuntamientos (el 27,5 por ciento) ofrecen también este servicio.

Para atender las bibliotecas públicas trabajaban 8.219 personas y a su mantenimiento la sociedad en su conjunto le dedicaba en 1998 más del doble de los recursos económicos que le dedicaba en 1990, pasando de 252 pesetas por habitante al año en 1990 a 609 pesetas en el año 1998.

Pero además las BP atienden a ciudadanos, niños, jóvenes o adultos, en proporciones que no han dejado de aumentar en los últimos diez años, en un porcentaje que ha pasado del ocho por ciento de la población en 1990, al 19,4 por ciento en 1998. El número de inscritos como usuarios o socios de una BP se ha multiplicado por 2,3 durante ese período y los préstamos realizados a esos usuarios han pasado de 16,3 a 28,2 millones de préstamos anuales. El número de volúmenes por habitante disponible en las bibliotecas públicas, un índice ya habitual en las estadísticas y análisis internacionales, se situaba en 1990 en 0,53 volúmenes por habitante y ha pasado en 1998 a ser de 0,97.

Este breve compendio de datos ilustra con claridad la importancia que tiene este servicio público en la sociedad, de su extensión en ciudades y pueblos, en muchos de los cuales es a veces el único servicio cultural y de información de que dispone la comunidad.

Lógicamente, estos datos globales y proporciones medias para el conjunto del Estado no deben ocultar importantes desequilibrios y desigualdades que se detectan con facilidad tanto en la  distribución territorial entre distintas comunidades autónomas, como si se observa la situación en los municipios según el tamaño de su población. Pero también es cierto que los ciudadanos atendidos por las BP adquieren altas proporciones en algunas ciudades y pueblos, donde su modernización ha aumentado el uso que la población hace de ellas hasta valores similares al entorno europeo. Asimismo su implantación entre algunos sectores de la población es especialmente alta, en particular entre niños, jóvenes y adultos-jóvenes. En muchas localidades pequeñas y medianas las BP se han constituido en un servicio imprescindible para el ocio y la cultura de sus habitantes, para sus actividades educativas y para sus necesidades de información de cualquier tipo.

Desde hace tiempo, las BP españolas vienen ofreciendo algunos servicios por los que son reconocidas ampliamente entre la población. De una manera especial, reconocen en ellas instituciones que:

– prestan un apoyo importante a escolares y estudiantes en general en su actividad formativa, que, bien por carecer en su hogares de recursos adecuados o por la débil presencia de bibliotecas escolares encuentran en las BP un medio muchas veces imprescindible para su educación más allá de las aulas;

– son un soporte para el entretenimiento y el ocio de muchos ciudadanos, facilitándoles el acceso a importantes medios de comunicación cultural;

– vienen siendo un soporte activo en la promoción de la lectura, en el fomento y mejora de los hábitos de lectura en su comunidad, especialmente entre niños y jóvenes;

– son instituciones que preservan el patrimonio bibliográfico y, por ende, buena parte de la riqueza cultural de la sociedad.

En los últimos años, muchos municipios han renovado sus bibliotecas, con nuevos edificios confortables y prácticos, ampliando y renovando sus colecciones, modernizando y adaptando sus servicios, abriendo, en definitiva, un camino de desarrollo de las BP en el que:

– además de libros, prensa y otros impresos, han incorporado a sus colecciones materiales sonoros, audiovisuales y electrónicos, ofreciendo así un ámbito social en el que todos los lenguajes y tecnologías comunicativas están presentes de forma complementaria;

– facilitan a los usuarios el acceso y uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación y a los servicios de internet, permitiéndoles de esta manera un acceso igualitario a estas tecnologías;

– ofrecen nuevos servicios adaptados a su comunidad, en un amplio abanico que va desde los servicios de información local, a la formación de los ciudadanos como usuarios; de los servicios especiales para personas discapacitadas, a la creación de bibliotecas digitales en red; de la programación de actividades culturales, a los servicios especialmente dirigidos a personas mayores, amas de casa o desempleados de larga duración;

– y ofrecen también nuevos espacios, en los que los ciudadanos circulan y acceden libremente a los servicios bibliotecarios y a los recursos informativos. Las nuevas BP son a la vez espacios de socialización y comunicación para muchas personas;

– trabajan y cooperan activamente con los centros escolares y otras instituciones y entidades culturales, informativas o sociales de la comunidad, participando incluso en iniciativas y programas de desarrollo local;

– y, sobre todo, son usadas por una proporción creciente de ciudadanos de todas las edades, que encuentran en ellas una amplia gama de posibilidades para sus inquietudes culturales, para sus actividades formativas, para sus necesidades informativas y su desarrollo personal.

Se podría decir que en los últimos años se está produciendo el despertar de un nuevo servicio moderno, de calidad y amplia aceptación por parte de los ciudadanos, a la renovación profunda de las BP que hacen suyos los retos que los ciudadanos tienen en la nueva sociedad de la información. Ejemplos de este nuevo servicio de BP pueden encontrarse en grandes ciudades y en pequeñas localidades, en el interior y en el litoral de la península o las islas, en el norte y en el sur, el este y el oeste.

Pero es necesario señalar que junto a los avances innegables en el conjunto, perviven carencias importantes, a veces generalizadas, desigualdades y desequilibrios territoriales, que sin duda guardan relación con distintos niveles de desarrollo socioeconómico y de bienestar social, pero también con distintas tradiciones bibliotecarias, incluso con la mayor o menor voluntad y actuación política desde las instituciones locales y autonómicas de la España democrática. Y junto a los nuevos modelos de BP perviven mayoritariamente la realidad y la imagen de bibliotecas infradotadas, con públicos muy limitados, ancladas en los servicios y soportes tradicionales, imagen que es con frecuencia compartida por responsables políticos e incluso usuarios y profesionales de las bibliotecas.

Cualquier planteamiento, pues, de desarrollo e impulso de las BP debía partir de un análisis en profundidad de una realidad en clara y, en algunos aspectos, rápida evolución, disponer de una radiografía actualizada del alcance e impacto real de sus servicios y también de la imagen que de la BP tienen los ciudadanos, identificando en este análisis sus debilidades y carencias más significativas, pero también sus valores y capacidades, sus oportunidades como servicio público en la nueva sociedad de la información.

Ésta es la finalidad que ha dado lugar e inspira esta obra, fruto de un proceso de investigación puesto en marcha en el marco del “Plan de impulso de las bibliotecas públicas en España”, por iniciativa de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.[5] Un análisis de estas características resulta imprescindible para las administraciones y para el sector bibliotecario de cara a elaborar propuestas de acción y de desarrollo de las BP. Por añadidura, puede ser la base para generar un debate e incidir en la conciencia sobre el papel de la BP actual en el seno de la sociedad, entre responsables y profesionales.



[1] Vid. Manifiesto de la Unesco sobre la biblioteca pública 1994, disponible en http://www.fundaciongsr.es/documentos/manifiestos/mani94es.htm.

[2] Vid. The Public Library Service: IFLA/UNESCO Guidelines for Development, Munich, Saur, 2001, 1.2 (traducción propia).La versión en castellano, realizada por UNESCO, se prevé esté publicada en los primeros meses de 2002.

[3] Cfr. Plan de Impulso de las Bibliotecas Públicas Españolas, 2000, en http://www.mcu.es/lab/bibliote/plan/index.html.

[4] La Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local (BOE 03.03.1985) establece, en su Artículo 26. 1, que “los municipios, por sí o asociados, deberán prestar, en todo caso, los servicios siguientes: [...] b) En los Municipios con población superior a 5.000 habitantes, además: Parque público, biblioteca pública, mercado y tratamiento de residuos".

[5] Con fecha de 27 de enero de 2000, el Ministerio de Educación y Cultura y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez suscribieron un convenio de colaboración para la elaboración de un Estudio sobre las Bibliotecas Públicas en España. Según este acuerdo, ambas entidades constituyeron un Comité Directivo para la realización del Estudio y se designó a un directivo de la Fundación como Director Técnico del mismo.




© DE LA EDICIÓN ELECTRÓNICA, 2001
Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas. Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

© DE LOS TEXTOS
Fernando Armario; Alejandro Carrión; ;M. Ramona Domínguez; José Antonio Gómez; Hilario Hernández; Terasa Mañà; Carme Mayol; José Antonio Merlo; José María Nogales; Ramón Salaberría; Tomás Saorín; Joaquín Selgas; Tea Cegos.

© DE LAS TABLAS Y GRÁFICOS ESTADÍSTICOS
Fundación Germán Sánchez Ruipérez.