2.5. Los recursos informativos
Aún recoge el diccionario las definiciones de biblioteca como conjunto de libros ordenados para su lectura o estantería donde se colocan los libros. Son acepciones que, aunque están cada vez más lejos de nuestra mente al referirnos a las bibliotecas públicas, perviven de alguna forma reflejando la importancia que han tenido y siguen teniendo las colecciones de que disponen las BP. En ellas reside buena parte de su capacidad de servicio y el índice de libros disponibles por habitante sigue siendo uno de los indicadores básicos para valorar los servicios de biblioteca pública en cualquier comunidad.
En las colecciones de las BP los ciudadanos disponían tradicionalmente de libros, prensa de todo tipo y otros materiales impresos, para su consulta en la propia biblioteca o para obtenerlo en préstamo durante un período; su temática no excluye ningún ámbito, si bien dedican una atención especial a los temas locales y a los libros para el público infantil. Ocasionalmente, algunas bibliotecas conservan también fondos bibliográficos importantes por su valor histórico, sin que sea éste un rasgo distintivo de las BP, cuyas colecciones están orientadas a prestar servicio al mayor número posible de ciudadanos, por lo que priman en su mantenimiento y desarrollo los criterios de actualidad y renovación. Las bibliotecas públicas no reúnen colecciones para conservarlas para la posteridad, sino para prestar servicios a los ciudadanos de hoy día.
Desde hace poco más de diez años, las colecciones de muchas bibliotecas han ido incorporando los nuevos soportes que se han extendido en nuestra sociedad, en especial, los discos y vídeos y, más recientemente, los cd-rom y otros soportes digitales. Por tanto, dado que la colección está compuesta cada vez más por un conjunto de materiales distintos, se hablará de volúmenes cuando se haga referencia al conjunto de la colección y se distinguirá, cuando proceda y sea posible, libros, audiovisuales y material informático.[36]
Con todo, los libros siguen siendo, en conjunto, el recurso informativo por excelencia con que cuentan las BP, mientras que los otros soportes tan sólo significaban, en 1998, el 2,2 por ciento de los volúmenes que componían sus colecciones:

El número de volúmenes se ha ido incrementando a lo largo de los últimos diez años de manera considerable: en 1990 eran 21.310.194, lo que, hasta 1998, supone un crecimiento global superior al 80 por ciento.[37]

Evidentemente, una buena parte de este crecimiento se debe a la incorporación
y creación de nuevas bibliotecas, cuyo número aumentó, durante
el mismo período, en un 52,6 por ciento. Pero también es perceptible una
mejor dotación en conjunto de la
colección que las BP ponen a disposición de los ciudadanos, aunque no afecte
por igual a todo el territorio. Observando el crecimiento de las colecciones
entre 1992 y 1998 en el conjunto del Estado y las distintas comunidades autónomas,[38] un buen grupo de ellas crecen en
porcentajes cercanos a la media nacional, mientras que las hay en las que
el crecimiento está en torno a la mitad de esa media.

No obstante y a pesar del aumento de las dotaciones en libros y otros recursos informativos, el tamaño medio de las colecciones de las BP continúa siendo relativamente bajo, aun para la distribución territorial por el tamaño de la población de los municipios del Estado:

Al igual que con la superficie de una biblioteca, existen límites en el tamaño de su colección, por debajo del cual es imposible considerar que una biblioteca pueda prestar servicio con un mínimo de calidad. Las Normas para bibliotecas públicas de la FIAB[39] establecían, en los años setenta, ese límite en los 9.000 volúmenes mínimo por colección, tope al que en 1998 tan solo llegaba la tercera parte de las bibliotecas públicas. Bien es verdad que, como indican muchos datos, un porcentaje significativo de las bibliotecas públicas registradas como tales en el Estado deberían ser consideradas sucursales o puntos de servicio de sistemas urbanos o comarcales. En estos momentos, la propia FIAB recomienda que el nivel mínimo de existencias para los puntos de servicio más pequeños no debería ser de menos de 2.500 volúmenes,[40] una cantidad a la que no llegaban en 1998 el 14 por ciento de las bibliotecas registradas. La distribución de estas bibliotecas en el territorio del Estado muestra algunos desequilibrios que hacen duplicar ese porcentaje en el caso de algunas comunidades.

Esta distribución por comunidades autónomas no circunscribe las bibliotecas con colecciones bajo mínimos a las comunidades con un poblamiento más diseminado en pequeños núcleos de población, en las que lógicamente cabría encontrar las bibliotecas de menores dimensiones. De hecho, las bibliotecas con colecciones superiores a los 20.000 volúmenes solo se encuentran en las ciudades medianas o grandes. Pero la existencia de bibliotecas con colecciones mermadas no es, en el Estado español, un fenómeno exclusivo de los municipios más pequeños, sino que afecta en mayor o menor medida a todas las poblaciones, sea cual sea el tamaño:

Más indicativo que el tamaño de la colección, resulta el número de volúmenes de que disponen las bibliotecas en relación a la población a la que prestan servicio. El índice de volúmenes por habitante refleja con mayor exactitud la capacidad que tienen las BP de una comunidad o de un territorio determinado para

No cabe duda de que ha habido a lo largo de la década pasada una sensible mejora en la relación de volúmenes por habitante, un índice que ha estado tradicionalmente bastante por debajo de las recomendaciones internacionales y de la situación de los países del entorno. Aunque la evolución resulta relativamente esperanzadora, sin embargo, será preciso un esfuerzo bastante más decidido para acercarse a la media europea.[41]

Si para el conjunto de la población las BP disponen de casi un volumen por habitante, esta relación resulta bastante desigual si se contempla en las distintas comunidades autónomas. Los índices más elevados apenas sobrepasan la relación de 1,5 volúmenes por habitante, como en Navarra (1,67), Extremadura (1,64), Castilla-La Mancha (1,59) y Castilla y León (1,51). También por encima de la media se encuentran Baleares (1,44), Asturias (1,42), el País Vasco (1,26 ), Aragón (1,22) y la Comunidad Valenciana (1,1). Ligeramente por debajo del índice medio en el Estado aparecen Galicia (0,93), La Rioja (0,92) y Cataluña (0,85), mientras la relación sigue descendiendo para los habitantes de Cantabria (0,78), Andalucía (0,69), las Islas Canarias (0,70) y Murcia (0,62). Cierran esta relación las BP de la comunidad con la mayor aglomeración urbana del país, Madrid (0,55), que representa proporcionalmente la menor cantidad de volúmenes por habitante.
Como se observaba en el caso de la distribución de los puntos de servicios, el tamaño de la población también aparece como inversamente proporcional a la dotación de volúmenes por habitante.

A la vista de esta distribución, parece evidente que la relación vol./hab., especialmente deficitaria detectada en la comunidad de Madrid (0,55 vol./hab.) se agrava en el caso de la capital (0,4) y es compartida también por las demás ciudades cuya población supera el medio millón de habitantes, Barcelona (0,31), Valencia (0,48), Sevilla (0,21), Zaragoza (0,43) y Málaga (0,48).[42] En la relación más cercana a la media del Estado se encuentran las ciudades entre 5.000 y 100.000 habitantes, mientras que son las localidades más pequeñas las que hacen subir esa media, con una mejor dotación en relación a sus habitantes.
Como elemento de referencia para valorar la escasez de las colecciones de las BP y del camino que queda por recorrer, de nuevo debe hacerse referencia a las recomendaciones de los organismos internacionales: en la actualidad, la FIAB formula, como directriz general, que las colecciones deberían estar entre 1,5 y 2,5 libros por habitante,[43] margen que en las poblaciones más pequeñas debería tener la mejor relación, mientras que podría reducirse a 1,5 en las ciudades más populosas.
No hace muchos años todavía, cuando en España se contrastaban las recomendaciones de la FIAB con la situación de las BP, solía cundir la desesperanza entre los profesionales ante índices que resultaban realmente lejanos e inasequibles. La situación está mejorando sensiblemente y adecuar las colecciones de las BP a los criterios internacionales no parece, en los inicios del nuevo siglo, un objetivo inalcanzable. Son criterios que, donde los recursos se encuentren gravemente limitados, deberán considerarse como objetivos a conseguir, desarrollando estrategias a medio y largo plazo que permitan en el futuro a los ciudadanos tener posibilidades, en los servicios de BP, similares a las de los demás países europeos.
Porque lo cierto es que, de los municipios con más de 5.000 habitantes que disponen de alguna biblioteca pública, casi las tres cuartas partes, un 72 por ciento, no llegan a disponer de 1,5 volúmenes por habitantes, porcentaje que se eleva al 90 por ciento en los municipios cuya población supera los 20.000 habitantes.
Pero no solo tiene importancia la cantidad de libros u otros materiales de que se disponga, sino también, y mucha, su calidad; no tanto la de cada libro en concreto, sino la del conjunto de la colección, su distribución adecuada al público infantil, juvenil y adulto, y a las funciones que la biblioteca se ha marcado como prioritarias. Con los datos estadísticos disponibles hay dos elementos clave que pueden reflejar lo que actualmente se consideran niveles de calidad de las colecciones de las BP, entendiéndose la calidad en función del servicio que pueden prestar no sólo en función de su valor intrínseco, patrimonial o de mercado sino atendiendo al carácter multimedia y al nivel de actualización de las colecciones.
[36] Las tablas que figuran en la edición electrónica de este estudio diferencian "libros", material "fonográfico", "audiovisuales", y material "informático", estableciéndose, en algunas, dos grupos, "libros" y material "no librario". Los cuestionarios de recogida de datos del INE, conforme a las Norma UNE-EN ISO 2789, diferencian "Libros", "Publicaciones periódicas encuadernadas", "Manuscritos", "Material videográfico" (con subdivisión en "Microfichas", "Microfilms", "Otras microformas" y "Diapositivas"), "Fonográficos", "Combinados audiovisuales", "Informáticos" y "Otro material". En este estudio no se han tenido en cuenta, por tanto, los manuscritos, las publicaciones periódicas encuadernadas ni las distintas microformas, de escasa relevacia, por lo demás en las BP. Además, los datos facilitados por el INE para 1990 y 1992 de fondos fonográficos, combinados audiovisuales y material informático incluyen microcopias, microfichas, microfilms, diapositivas y otras microformas, por lo que no son tenidos en cuenta en los resúmenes generales de la década, tomando como total de fondos los de libros para estos dos años. Por lo demás, en el cuestionario de recogida de datos del nuevo Anuario estadístico de las bibliotecas públicas españolas (Madrid, MECD, 2000- anual), la composición de la colección se divide en "Libros", "Periódicos y revistas: número de títulos en curso", "Documentos audiovisuales" (subdivididos en documentos sonoros y documentos audiovisuales), y "Documentos electrónicos" (en tres gupos, CD-ROM. DVD y otros documentos electrónicos).
[37] Las cantidades de 1990 y 1992 recogen solamente la cantidad de libros existentes, sin otros soportes, debido a que hasta esas fechas se contabilizaban como audiovisuales diapositivas, microfilms y otras microformas no electrónicas, soportes que dejan de tenerse en cuenta desde 1994. De no presentarla así, la evolución de la década podría parecer absurda, ya que, por ejemplo, los materiales fonográficos, audiovisuales e informáticos sumaban, en 1992, 2.679.000 unidades, mientras que, en 1994, totalizan 531.000 volúmenes.
[38] Se parte de 1992 en la evolución por comunidades autónomas, a fin de evitar una desviación proporcional en varias de ellas que podría inducir a error, ya que en los datos de 1990 había comunidades de las que no se registraban cerca del 40% de las bibliotecas
[39] Normas para bibliotecas públicas, Madrid, ANABA, 1974.
[40] Vid. The Public Library Service: IFLA/UNESCO Guidelines for Development, Munich, Saur, 2001, 4.6.
[41] Fuente para los datos de los países europeos, UNESCO, Libraries Portal, en http://unescostat.unesco.org/statsen/statistics/yearbook/tables/CultAndCom/Table_IV_2_Europe.html.
[42] El peso demográfico que tiene la ciudad de Madrid en una comunidad uniprovincial como la suya determina, en mayor medida que en el caso de las otras grandes ciudades, los índices de su respectiva comunidad. Por extensión, esta consideración debería tenerse presente también al contemplar los datos de Cataluña (y de la provincia de Barcelona), donde los indicadores relativamente positivos para el conjunto de la comunidad autónoma se ven sin duda reducidos por los bajos índices que suele presentar la ciudad de Barcelona, aunque tenga evidentemente una menor incidencia que en el caso de Madrid.
[43] The Public Library Service: IFLA/UNESCO Guidelines for Development, Munich, Saur, 2001, 4.6.
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DE LA EDICIÓN ELECTRÓNICA, 2001
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General de Coordinación Bibliotecaria. Ministerio de Educación,
Cultura y Deporte.
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DE LOS TEXTOS
Fernando Armario; Alejandro Carrión; ;M. Ramona Domínguez; José
Antonio Gómez; Hilario Hernández; Terasa Mañà;
Carme Mayol; José Antonio Merlo; José María Nogales;
Ramón Salaberría; Tomás Saorín; Joaquín
Selgas; Tea Cegos.
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DE LAS TABLAS Y GRÁFICOS ESTADÍSTICOS
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