2.5. Los recursos informativos (Continuación)

Hace décadas ya que los libros y demás materiales impresos ha dejado de ser el medio exclusivo, incluso primordial, de la comunicación cultural de la sociedad. La explosión del audiovisual (o, mejor, del audio y del audiovisual) primero y, más recientemente, de la comunicación a través de medios informáticos ha creado un panorama totalmente nuevo y, sobre todo, ha modificado profundamente los hábitos y necesidades informativas, culturales y educativas de los ciudadanos. Las personas que se acercan a una BP ya no son solamente lectores de libros y prensa. En su vida cotidiana también escuchan música, ven la televisión, consultan y manejan un archivo informático o acceden a los servicios de la web. Son, cuando menos, “lectores multimedia” y prueba de ello es la presencia en los hogares (y, en parte, aunque de otra manera, en los centros educativos y de trabajo) de un equipamiento cultural en el que la ausencia de alguna de las nuevas (y no tan nuevas) tecnologías comunicativas está asociada a las diferencias socioeconómicas, educativas y culturales que precisamente las BP pretenden equilibrar.[44]

Consecuentemente, algunas bibliotecas han comprendido que no pueden dejar de ofrecer a sus ciudadanos buena parte de la comunicación cultural de la sociedad actual, limitando sus colecciones a los impresos tradicionales. Al contrario, han incorporado decididamente los nuevos soportes, buscando brindar a los usuarios un conjunto cohesionado de contenidos y tecnologías, seleccionado y organizado por su rentabilidad social y superando los desequilibrios que genera su distribución comercial en la sociedad de mercado. Las BP se convierten así en el principal espacio de socialización y democratización en el acceso a la cultura y el conocimiento con que cuentan las sociedades modernas.

De manera similar a los impresos, con los soportes sonoros, audiovisuales y multimedia se facilita el acceso a manifestaciones artísticas del hombre (la música, el cine...) y también a una amplia y creciente gama de contenidos informativos que cubren intereses y usos diversos para las personas. Como podrá observarse en más de una ocasión, la diversificación de las colecciones está en la base del éxito conseguido por muchas bibliotecas públicas en sus localidades, que han visto cómo se amplían sus públicos y se revitalizan sus servicios.[45] Ahora bien, esta mutación se está produciendo de manera tardía y limitada. Las fuentes estadísticas utilizadas diferencian los distintos soportes de que están compuestas las colecciones de las BP, por lo que se puede realizar una aproximación a partir del porcentaje de materiales no impresos que las conforman y de su relación con el número de habitantes.

El panorama general muestra que una gran mayoría de las bibliotecas públicas no ha emprendido aún este tipo de modernización: nada menos que 2.900 bibliotecas de las registradas en 1998, es decir,  el 77 por ciento de ellas, disponían ese año de colecciones formadas exclusivamente por materiales impresos.[46] En conjunto, los materiales sonoros, audiovisuales e informáticos representan tan sólo el 2,2 por ciento de las colecciones de las BP. Pero en su distribución territorial aparece un grupo de comunidades autónomas en las que parece haberse emprendido esta modernización de las colecciones con una mayor amplitud, mientras que, en la mayoría de los casos, las colecciones parecen continuar atadas a los soportes tradicionales.

Si se tiene en cuenta que el porcentaje medio para el conjunto del Estado es significativamente bajo, el despegue que muestran las comunidades mejor situadas, con el cuatro por ciento de Cataluña a la cabeza, no deja de ser bastante tímido. Por el contrario, comunidades que tienen una buena relación de volúmenes por habitante, como en los casos de Navarra y Extremadura (con 1,67 y 1,64 respectivamente) mantienen colecciones en las que la presencia de los nuevos materiales es casi testimonial, lo que, sin duda, les restará capacidad de servicio.

Ahora bien, si en la distribución de libros por habitante son las localidades más pequeñas las que disponen de una mejor situación y la relación de volúmenes por habitante disminuye conforme aumenta el tamaño de la población, en la presencia de materiales no librarios el panorama es bien distinto:

La transformación de las colecciones bibliográficas en colecciones multimedia no parece ser un fenómeno que afecte precisamente al entorno rural y es en las ciudades medianas, y hasta los 500.000 habitantes, donde la modernización de las colecciones parece encontrar ejemplos más decididos, mientras las grandes ciudades, también en este aspecto, se sitúan por debajo de la media nacional.

En la relación de materiales audiovisuales e informáticos, el conjunto de BP disponen de 27 ejemplares (o volúmenes) para cada 1.000 habitantes. Este índice medio es también el que ofrecen las localidades del Estado de más de 5.000 habitantes que disponen de biblioteca pública. Pero es en la observación de la situación concreta de los municipios donde aparecen las mayores disparidades. Para cada mil habitantes, el conjunto de las BP de Sevilla tenían, en 1998, un ejemplar; en Madrid, tres; en Málaga, siete; en Barcelona, 10; en Valencia, 11; y en Zaragoza, 22. Sin embargo, en las ciudades entre 100.000 y 500.000 habitantes, pueden  encontrarse ya ejemplos alentadores, con índices superiores a los 50 ejemplares por cada 1.000 habitantes en ciudades como Oviedo, Vitoria, León, Jaén, Tarragona, Gijón, Burgos, Las Palmas, Logroño o Valladolid.[47] Con todo, hay que buscar entre las localidades inferiores a los 100.000 habitantes y mayores de 5.000 para encontrar municipios cuyos habitantes dispongan en sus BP de colecciones con relaciones de más de 100 ejemplares multimedia, incluso de los 400, por cada 1.000 habitantes (es decir, 0,1 o 0,4 por individuo).

El carácter multimedia de las bibliotecas no se reduce, evidentemente, a incorporar en sus colecciones discos compactos, vídeos o cd-rom. Aunque hay bibliotecas que disponen de ellos solamente para el servicio de préstamo, lo más habitual es que las bibliotecas dispongan también de equipamiento en sus salas para permitir su utilización a los usuarios. Si el equipamiento audiovisual es importante para ciertos sectores del público,[48] el acceso a las nuevas tecnologías de comunicación adquiere hoy día una relevancia especial. La incorporación  de equipos informáticos, conectados y no conectados a redes, permite a los usuarios acceder y usar información y medios de comunicación que pueden no estar físicamente en la biblioteca, ni son de su propiedad, como ocurre con los materiales que conforman la colección.

La capacidad de facilitar información y acceso al conocimiento que tiene ya una BP no se puede medir por el volumen de su colección, sino por la información que sea capaz de transferir a sus usuarios, indistintamente de donde esté (en otras bibliotecas o accesible por la web), del soporte en que se distribuya (impreso, electrónico o magnético), y de la tecnología comunicativa con que haya sido codificado (escrita, sonora, icónica o multimedia).

Por ello, parece más apropiado referirse hoy día a los “recursos informativos” de una biblioteca, entre los cuales aún sigue siendo la colección su columna vertebral, mientras van adquiriendo importancia creciente los recursos externos a la propia biblioteca y el equipamiento audiovisual e informático de que dispongan, en especial los puntos de acceso a internet que la biblioteca ponga a disposición del público.

Las estadísticas oficiales recogen información sobre la disponibilidad de equipos informáticos en las BP, presentes ya desde hace más de una década en algunas de ellas. Hasta hace pocos años, el uso de estos equipos se limitaba a la automatización del catálogo de la biblioteca y servicios asociados al mismo (consulta, préstamo...), si bien desde mediados de los noventa se han ido incorporando en las bibliotecas para su utilización por parte de los usuarios, en nuevos o remodelados servicios bibliotecarios.

Y en esta incorporación, los datos disponibles permiten apreciar una de las dinámicas más claras en la evolución de las nuevas bibliotecas públicas en España. En 1990, apenas tres de cada cien bibliotecas públicas disponía de algún equipo informático. Ocho años después son más de la mitad, un 53 por ciento para ser precisos.

Su distribución en el territorio del Estado tiende a concentrarse en bibliotecas de tamaño medio o grande y, en este caso, la cantidad relativa de bibliotecas con equipos informáticos es directamente proporcional al tamaño de la población de los municipios:

En los municipios de más de 5.000 habitantes, siete de cada 10 BP disponían ya en 1998 de algún equipo informático, mientras que en las localidades con una población menor, no llegan a la mitad las bibliotecas con ordenador. Aunque no se tienen datos sobre qué proporción de estos equipos está al servicio directo de los usuarios y cuál es la proporción que se destina al trabajo interno de la biblioteca, un dato que sí debe ser destacado es el número medio de equipos por biblioteca. En 1990 esta media era de 1,2 equipos para las bibliotecas que disponían de ellos; en 1994 era de dos equipos y, en 1998, las BP que tenían ordenadores disponían de tres máquinas como término medio. Claro que estas medias son tremendamente desiguales entre las bibliotecas de poblaciones pequeñas y las de ciudades medianas o grandes, con máximas de siete ordenadores por biblioteca en las ciudades entre 100.000 y 500.000 habitantes y mínimas de 1,4 en los pueblos de menos de 5.000 habitantes.

La utilización de los ordenadores en las bibliotecas, además de orientarse a prestar servicios a los usuarios de acceso a información multimedia, a los servicios de la red o a aplicaciones informáticas,  tiene un ámbito de  gran importancia en los sistemas integrados de gestión bibliotecaria, más conocidos como programas de automatización bibliotecaria, que permiten automatizar el catálogo y tareas y servicios asociados como el préstamo, generando no solo una mayor eficacia en el servicio, sino múltiples ventajas a los ciudadanos en su acceso a la información y a los servicios de la biblioteca.

No todas las bibliotecas que disponen de ordenadores han automatizado sus catálogos. De hecho, la mitad de ellas no lo han hecho todavía, dedicando su equipamiento informático a los servicios directos al usuario o a los trabajos internos de naturaleza ofimática.[49] En conjunto, apenas tres de cada diez BP había automatizado su gestión en 1998, y una más tenía proyectado realizarlo en breve.

En el siguiente gráfico puede apreciarse la extensión de la automatización en las distintas comunidades autónomas, con aquellas bibliotecas en las que ya estaba en funcionamiento y aquellas en las que estaba proyectada.

El otro elemento al que se hacía referencia como indicador de la calidad de los recursos informativos de las BP modernas es la actualización. Las colecciones de las BP son algo vivo, porque la creación humana y los avances del conocimiento también lo son, se renuevan y se difunden cada día. Como se recomienda en el Manifiesto de la Unesco, “los materiales deben reflejar las tendencias actuales y la evolución de la sociedad, así como la memoria del esfuerzo y la imaginación de la humanidad”.

La composición inicial de la colección de una BP es el punto de partida de una gestión permanente de desarrollo que pasa por fases de establecimiento, consolidación y estabilización, siempre teniendo como criterio de desarrollo las condiciones demográficas en las que actúa la biblioteca.[50] Y, como recurso dinámico que son, reciben una constante afluencia de nuevos materiales y dan de baja los que ya no sirven.

Así pues, las tasas de adquisición son más significativas que la dimensión de las colecciones y, desde esta perspectiva, la situación que presentan las bibliotecas públicas no es precisamente encomiable, si se tiene en cuenta que la tasa anual de adquisiciones recomendada por la FIAB se sitúa entre 0,20 y 0,25 ejemplares por habitante y año.

A pesar de que el gasto por habitante destinado a adquisiciones de nuevos fondos se ha duplicado entre 1990 y 1998, sin embargo los volúmenes adquiridos para las BP apenas suponen diez ejemplares más para cada 1.000 habitantes, de 47 a 58, durante el período. Las recomendaciones internacionales, de las que tan lejos se sitúan las bibliotecas, deben ser un objetivo; y el contraste con la media de los países europeos,[51] aún contemplando su diversidad, debería ser un acicate.

El déficit en adquisiciones debe contemplarse, además, tanto desde la necesidad de actualización y renovación de los materiales como desde una política de colecciones que a medio plazo permita superar el déficit que existe también en la proporción de los libros actualmente disponibles.

Labor complementaria a las adquisiciones es la limpieza de la colección, retirando los ejemplares inapropiados, bien porque el uso los haya deteriorado, porque su contenido haya quedado obsoleto o porque carezcan de interés y lleve determinado período ya sin utilizarse. La presencia de materiales inapropiados en las colecciones no facilita precisamente el servicio que deben prestar a los ciudadanos y las bibliotecas públicas deben cuidar que sus recursos informativos sean realmente útiles.

Sin embargo, la práctica del expurgo no está extendida entre las BP españolas,[52] a juzgar por el escaso número de volúmenes que se dan de baja, según los datos estadísticos. En 1998, tan solo una de cada diez BP registra bajas en su colección que reflejen un trabajo de limpieza y expurgo,[53] acumulando el 89 por ciento del total de bajas realizadas ese año en las BP.

En definitiva, los datos disponibles apuntan a que las colecciones de las BP del Estado se encuentran aún en una fase de consolidación, en la que es preciso que sus existencias aumenten todavía con altas tasas de crecimiento, hasta llegar a un nivel de cobertura adecuado. Paralelamente a este aumento cuantitativo del número de volúmenes disponibles para la población a la que sirven, debe generalizarse el esfuerzo por mejorar sensiblemente la calidad de los recursos informativos, actualizando constantemente los materiales y adecuándolos a su comunidad, a sus hábitos y necesidades.



[44] Vid. al respecto: Fundación Autor (ed.): Informe SGAE sobre hábitos de consumo cultural, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2000; AIMC, Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación, Estudio General de Medios, en http://www.aimc.es; Equipamientos, prácticas y consumos culturales de los españoles, Madrid: Ministerio de Cultura, Centro de Coordinación Bibliotecaria, 1992.

[45] El fenómeno tiene numerosos ejemplos, descritos muchos de ellos en la literatura profesional. Para el conjunto de un país, a falta de estudios globales de la situación española, merece la pena contemplar, por ejemplo, la evolución de las BP en Francia, donde su progresiva modificación en lo que suelen denominar “mediatecas” ha revolucionado el panorama de las bibliotecas municipales francesas en los últimos diez o quince años. Vid. “La grande mutation des bibliothèques municipales“, en Développement culturel, núm. 126, Ministère de la Culture et de la Communication, Direction de l'administration générale, 1998, disponible en http://www.culture.fr/culture/editions/r-devc/dc126.pdf.

[46] Se incluyen en este grupo aquellas bibliotecas que no llegan a sumar 100 volúmenes entre material fonográfico, combinados audiovisuales y material informático, una cifra de todas formas fácil de superar sólo con incorporar los materiales de este tipo que acompañan con frecuencia a suplementos dominicales o revistas y otras publicaciones editoriales.

[47] Es preciso hacer notar que en todos estos casos el peso de las BPE es determinante en esta relación, ya que suelen concentrar la casi totalidad de materiales no librarios. Se exceptúan de este grupo las ciudades de Gijón y Valladolid, cuyas bibliotecas municipales también incorporan estos soportes con creciente relevancia.

[48] La experiencia de la incorporación de servicios de fonoteca y videoteca en las salas de las BP muestra la importancia de estos servicios para sectores de público especialmente activos, como son los jóvenes y adolescentes y también para personas discapacitadas. Por lo demás, casetes,  cd de audio y vídeos mantiene su eficacia y vigencia en diversos procesos de aprendizaje, como los idiomas.

[49] De las 1991 BP que disponían en 1998 de equipamiento informático, 998 no tenían ninguna función automatizada (adquisiciones, catalogación, préstamos, estadísticas...), sin que se pueda determinar con exactitud en cuántas de ellas los ordenadores se dedican exclusivamente a tareas internas de carácter ofimático y en qué casos se han integrado en los servicios a los usuarios, opción ésta que, a juzgar por algunos datos, debe ser mayoritaria. De esas 998 bibliotecas, que disponen de 1.546 equipos, a una media de 1,5 máquinas por biblioteca, la mitad, exactamente 482, han incorporado a su colección soportes informáticos, que totalizan 18.365 ejemplares y suponen el 31% del total fondos informáticos disponibles en 1998 en las BP españolas. Es lógico, pues, suponer que al menos estas 482 bibliotecas, con ordenadores en su equipamientos, con fondos informáticos en su colección, pero sin ningún módulo de automatización bibliotecaria, y que suponen el 13% de las existentes en España, los ordenadores disponibles lo están para los usuarios y no sólo para el uso de los bibliotecarios. Es sin duda una opción considerada como prioritaria por muchas bibliotecas de dimensiones medianas o pequeñas, que se ve facilitada por exigir inversiones económicas más asequibles y modulables y que se puede detectar en España desde el año 1994. En esa fecha, el Proyecto TECA crea los primeros servicios bibliotecarios a través del ordenador (o microtecas) en un centenar de bibliotecas municipales, ninguna de las cuales estaba automatizada ni lo tenía previsto a corto plazo. (Vid. Hilario Hernández, «El Proyecto TECA: Un reto de modernización en las Bibliotecas Municipales» en XVI Jornadas JIAL 1994, Salamanca. Ponencias de las Jornadas, Salamanca, Diputación, 1994, pp. 165-176, disponible en http://www.fundaciongsr.es/articulos/hhs/articulos/proyecto_TECA.htm).

[50] Cfr. The Public Library Service: IFLA/Unesco Guidelines for Development, Munich, Saur, 2001.

[51] Fuente para los datos de los países europeos, UNESCO, Libraries Portal, en  http://unescostat.unesco.org/statsen/statistics/yearbook/tables\CultAndCom\Table_IV_2_Europe.html.

[52] El término, a pesar de sus reminiscencias inquisitoriales, hace referencia al proceso bibliotecario por el que se dan de baja volúmenes de la colección de una biblioteca, no para cercenarla precisamente, sino para mejorar su calidad y accesibilidad. Hay varias razones que explican la ausencia de expurgos en las bibliotecas públicas españolas, de las que merece resaltar dos: en primer lugar, la pervivencia de concepciones patrimonialistas de la colección de las BP, como colecciones acumulativas y de conservación; en segundo lugar y como consecuencia de lo anterior, la consideración de los libros de una biblioteca como material inventariable en la mayoría de las administraciones, lo que genera múltiples trabas administrativas para la realización del expurgo. Algunas administraciones están modificando su normativa al respecto y desarrollando criterios para la realización del expurgo en todas sus fases. Entre las primeras publicadas en España, puede consultarse la Resolución del Excmo. Ayuntamiento de Peñaranda de Bracamonte sobre criterios  y procedimientos a seguir en la Biblioteca Pública Municipal en las altas y bajas de su colección, a propuesta de la entidad gestora, Centro de la Fundación Germán Sánchez Ruipérezde Bracamonte, (1997), en http://www.fundaciongsr.es/documentos/leyes/resexpurgo.htm.

[53] En 1998, el 88,7% de las BP no registran bajas en su colección o éstas son inferiores al 1%, un índice fácilmente alcanzable con las inevitables bajas por motivos “naturales”, es decir, por deterioro físico o desapariciones (hurtos incluidos). Evidentemente, en el porcentaje de ejemplares deteriorados por estas causas influye decididamente el índice de rotación de la colección y las condiciones de conservación. No existen estudios en profundidad sobre el tema; a título ilustrativo, la Biblioteca Municipal de Peñaranda de Bracamonte tiene la siguiente estimación de bajas por deterioro físico o desapariciones en los años 1999-2000 (con un índice de rotación anual alto, del 2,58 para el conjunto de la colección; un alto porcentaje de libros de préstamo forrados; y sin sistema magnético antihurto): bajas anuales por deterioro físico o desapariciones sobre el conjunto de la colección, 1%; en la sección infantil, el porcentaje sube al 10% anual; en el material audiovisual (con índices de rotación superiores al 6,5 de media), el 90% del material dado de baja es por estos motivos.




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