3. Usos, servicios y actividades de las bibliotecas públicas

3.1 Qué ciudadanos utilizan las BP

Si el número de las BP y sus puntos de servicio aumentó entre 1990 y 1998 en torno al 54 por ciento, que es un porcentaje realmente importante, el número de ciudadanos que acude a ellas para utilizar sus servicios se ha incrementado en 130 por ciento, porcentaje que se puede calificar de espectacular. En 1998, las BP tenían más del doble de ciudadanos inscritos como prestatarios que en 1990, es decir, como personas que, normalmente mediante la obtención de un carné de socio o usuario, pueden obtener de la biblioteca libros, discos, vídeos, cd-rom o cualquier otro material en préstamo durante un período determinado.

Durante ese período los recursos informativos, o sea los volúmenes de cualquier tipo disponibles en las bibliotecas, aumentaron en un 82 por ciento. Los recursos humanos lo hicieron en un 58 por ciento. Tan sólo se podría encontrar porcentajes de incremento similares al de los usuarios de las bibliotecas en dos aspectos: en la incorporación de equipos informáticos, fenómeno que parece dibujar una de las tendencias más claras en estos años, pero que tiene aún una extensión limitada; y en los recursos económicos asignados a las BP, cuyo incremento entre 1990 y 1998 fue del 140 por ciento, si bien de este aumento solo cabe inferir que las bibliotecas cuestan ahora más a los ciudadanos, tanto en términos monetarios como en costes reales, que hace ocho o diez años.

De esta primera constatación cabe exponer, a modo de hipótesis, una consideración de extrema importancia: la demanda, en buena medida insatisfecha, de servicios de BP en la sociedad aflora con fuerza cuando la oferta de estos servicios se extiende y mejora entre la población; su utilización por parte de un amplio número de ciudadanos sólo parece estar constreñida por la falta  de amplitud y profundidad en la renovación y modernización de muchas bibliotecas.

Los indicios y tendencias que aportan los datos analizados se ven refrendados por la experiencia de múltiples casos concretos. Allí donde las bibliotecas se han renovado, adecuando su oferta a la comunidad a la que sirven, con los recursos apropiados y adaptando sus servicios a la nueva sociedad de la información, los ciudadanos de todo tipo acuden a ellas en altas proporciones y las utilizan de forma intensiva y diversificada.

En 1990, poco más de ocho de cada cien habitantes estaban registrados como prestatarios en alguna BP. En 1998 eran diecinueve de cada cien. Ha sido un aumento constante a lo largo del período, en el que se puede apreciar una clara progresión conforme avanzaban los años, más si se tiene en cuenta que parte del incremento de los primeros años se debe a la incorporación a los datos estadísticos de bibliotecas ya existentes y, por tanto, también de prestatarios que ya lo eran.

El aumento no ha sido, como en otros aspectos, igual en todo el territorio español y las diferencias entre unas y otras comunidades autónomas son notables, si se contempla el porcentaje de su población inscrita como prestatarios de las BP en cada una de ellas.

Las diferencias, sin embargo, no son tan acusadas entre las poblaciones clasificadas por su número de habitantes. Por encima de la media del Estado se sitúan las localidades entre 5.000 y 100.000 habitantes, en las que la proporción de prestatarios llega al 22 por ciento, mientras que en las ciudades de mayor tamaño el porcentaje no llega al 18 por ciento de sus habitantes. En las pequeñas poblaciones el porcentaje de inscritos sobre el conjunto de la población es del 21 por ciento en las localidades entre 2.000 y 5.000 habitantes y del 12 por ciento en las inferiores a los 2.000 habitantes, sin bien estos porcentajes son sensiblemente más elevados en la cuarta parte de esos municipios, que son los que disponen de una biblioteca.

De hecho, en los 1.153 municipios con población inferior a los 2.000 habitantes que en 1998 tenían una BP, el porcentaje de personas inscritas en ellas alcanzaba el 40 por ciento de sus residentes; y en las localidades entre 2.000 y 5.000 habitantes, los inscritos representaban el 34 por ciento de la población. Estas proporciones, que doblan la media del Estado, ilustran con elocuencia la importancia que para los pequeños municipios, carentes por lo general hasta de un puesto de venta de prensa diaria, adquieren hoy día las BP, que además de ser el único servicio cultural, informativo o educativo de que disponen, vienen a cubrir la ausencia de otros sistemas de acceso a la información y la cultura, públicos o comerciales, que están presentes en poblaciones de mayor tamaño.

La escasez endémica de recursos de que suelen adolecer las bibliotecas de las localidades del mundo rural tiene ahora la oportunidad de superarse definitivamente, con el aporte de las TIC, a través del funcionamiento de la biblioteca en red, conectada física y virtualmente a las redes de comunicación mundial que aminoran las diferencias que separaban al campo y la ciudad en las posibilidades de acceso a la información y la cultura.

No obstante, los porcentajes medios de usuarios de BP que se registran, siguen aún por debajo de los de otros países europeos de los que se tienen datos comparables para 1996:

Evidentemente, el número de inscritos como prestatarios en las BP no coincide necesariamente con el número de personas que realmente las utilizan. En primer lugar, el requisito de estar inscrito sólo se exige para acceder al servicio de préstamo a domicilio, sin que sea preciso en la gran mayoría para tener acceso a la biblioteca con cualquier otra finalidad o uso. Por el contrario, el registro de usuarios en las bibliotecas es acumulativo, sin que, por lo general, se dé de baja a aquellas personas que han dejado de usarla. Con todo, los datos estadísticos manejados vienen a coincidir grosso modo con otros estudios disponibles sobre hábitos culturales y que vienen situando en los últimos años el porcentaje de ciudadanos que acuden a las bibliotecas públicas entre el 10 y el 12  por ciento de la población.[65] Según la Encuesta a los bibliotecarios al frente de las BP, el porcentaje de usuarios activos, es decir, que hayan acudido al menos una vez a la biblioteca en los últimos doce meses, sobre el conjunto de individuos inscritos, se estimaba para el conjunto de las BP en el 51 por ciento en el año 2000.[66]

Entre el porcentaje del 19,4 por ciento de ciudadanos inscritos en BP según las estadísticas y el de un 12 por ciento de personas que acuden a ellas con mayor o menor frecuencia según los estudios de opinión, hay una distancia que es, sin duda, más aparente que real. En efecto, las encuestas tienen en cuenta solamente a las personas de 14 o más años, dejando fuera a la población infantil, un sector que representa el 15 por ciento del total de la población y en el que precisamente la proporción de quienes usan las bibliotecas es sin duda superior a la registrada entre los adultos. De hecho, según la Encuesta a los bibliotecarios, tres de cada diez usuarios inscritos en ellas pertenecen al público infantil. Así pues, una estimación más aproximada a la realidad, que incluya a la población infantil, aumenta al 18 por ciento el porcentaje de usuarios de todas las edades que acuden y utilizan las BP,[67] proporción sensiblemente superior a las cifras que suelen manejarse en estudios de opinión y medios de comunicación, pero que no debe ocultar el alto porcentaje, al menos ocho de cada diez habitantes del Estado, a los que las BP no ofrecen en estos momentos ningún servicio.

Ahora bien, estos datos se refieren al conjunto de la población, no a aquella que dispone en sus localidades de residencia de un servicio fijo de BP y que, por tanto, tiene posibilidades reales de utilizarlo. En los municipios con una población superior a los 5.000 habitantes y con BP, el índice medio de ciudadanos inscritos en las bibliotecas se sitúa en el 27,4 por ciento de la población. Y en uno de cada diez de esos municipios, (el 10,9 por ciento exactamente), ese índice supera el 50 por ciento de sus habitantes, acumulando la quinta parte del total de prestatarios registrados en 1998. La cara opuesta la presentan las casi dos terceras partes de ese conjunto de municipios (el 63 por ciento), cuyo índice se sitúa por debajo de la media, poniendo en evidencia de nuevo las desigualdades existentes en capacidad de servicio de las BP en unas y otras localidades.

Por su parte, la Encuesta a la población española realizada para este estudio aporta información sobre algunas características de quienes utilizan las BP.  De las 1.200 entrevistas realizadas con individuos de 18 o más años, el 17,6 por ciento correspondía a usuarios activos de BP, porcentaje que se elevó al 59 por ciento de usuarios entre los 500 adolescentes encuestados entre los 14 y los 17 años.[68] El predominio del público infantil y juvenil en las BP es de sobra conocido y así lo reflejan estos porcentajes, sin duda más acusados que en la realidad por la mejor predisposición a responder a una encuesta sobre bibliotecas por quienes se benefician de ellas asiduamente. Pero también entre los adultos predominan los más jóvenes entre los usuarios de las bibliotecas:

Más de la mitad de ellos son personas entre los 18 y los 35 años, lo que unido al amplio sector de público infantil y adolescente o juvenil da una idea de la importancia creciente que para las nuevas generaciones están adquiriendo las BP. En muchos municipios que cuentan con suficientes y modernos servicios bibliotecarios, los porcentajes de usuarios entre niños y jóvenes alcanzan cifras muy elevadas, consolidando una tendencia ya tradicional en las bibliotecas, que abren ahora sus puertas a nuevos usos no limitados al apoyo en sus actividades educativas. Pero, además, los nuevos servicios han traído la presencia de nuevos públicos. La dinámica, no por tópica menos cierta hasta hace poco, según la cual los adolescentes abandonaban masivamente la biblioteca llegados a determinada edad, se ha roto definitivamente en muchos municipios, en los que los usuarios entre 18 y 35 años son ya un sector significativo y creciente del público que acude a ellas. En muchas bibliotecas, los adultos-jóvenes[69] se han convertido en un sector especialmente activo, impulsado sin duda por los nuevos hábitos de lectura e información, de ocio y autoaprendizaje y formación continuada para los que la biblioteca ha adecuado sus servicios.

De los entrevistados, destaca asimismo el predominio de mujeres dentro del público que utiliza las bibliotecas, menos perceptible entre los jóvenes de 14 a 17 años que entre los adultos.

Esta distribución por género, más acusada que la correspondiente a la población real, guarda sin duda relación con la presencia creciente de las mujeres en la población lectora, pero también con la menor presencia de éstas entre la población activa e incluso con los programas desarrollados por muchas bibliotecas para adecuar sus servicios y atraer a la población femenina adulta.

Los datos de clasificación de los encuestados vienen, por lo demás, a confirmar también la importancia que en los hábitos culturales e informativos reflejan el nivel cultural y la actividad profesional (o su ausencia) de las personas.

Dos de cada tres usuarios adultos han terminado estudios superiores, mientras es evidente la poca incidencia de las BP entre la población con niveles educativos inferiores: sólo el 12 por ciento de los adultos entrevistados que utilizan las bibliotecas tienen estudios primarios o sin terminar.

Si a mayor nivel educativo corresponde un mayor nivel de hábitos culturales e informativos y, consecuentemente, un mayor índice de uso de las BP, la actividad de los individuos parece marcar también diferencias claras. Los sectores de población inactiva, sean pensionistas, desempleados o amas de casa, apenas representan el 16 por ciento del conjunto, la mitad de los que aún son estudiantes.

Este breve boceto del perfil sociológico de los usuarios de las bibliotecas se completa con la clase social a la que se adscriben los entrevistados, mayoritariamente clase media.

Por último, se trata de un público entre el que las tecnologías de información y comunicación han penetrado ya mayoritariamente, tanto en sus hogares como en los centros de trabajo y estudio.

Sin duda, la alta proporción de la muestra con estudios superiores o la escasa presencia en ella de los sectores sociales más desfavorecidos hace subir los porcentajes de disponibilidad de TIC respecto a la media nacional,[70] si bien presenta perfiles similares que merece la pena retener: para los adultos el uso de las TIC, y en especial de los servicios de internet, parece estar asociado al lugar de trabajo antes que al hogar y disponen de más accesos a la red que los jóvenes y adolescentes. Éstos, por su parte, han incorporado a su hogar el ordenador personal (tres de cada cuatro declara disponer de él en su casa), generalmente dotado ya de dispositivos como el lector de cd-rom, aunque su disponibilidad en los centros de estudio es aún menor.

Sin embargo, tanto para los jóvenes como para los adultos, el acceso a los servicios de internet parece centrarse aún en los centros de estudio o trabajo más que en el ámbito del hogar. Son indudablemente situaciones en rápida evolución, pero una cosa parece quedar clara a la vista de estos datos: el retraso e insuficiencia que las BP en su conjunto están teniendo en la incorporación de las TIC a sus servicios, en relación tanto con los hogares como con los centros donde se desarrolla la actividad productiva o educativa de las personas.

Más adelante se volverá sobre las características que definen el perfil de los usuarios de las bibliotecas y sobre lo que de ellas se espera. Pero de este sucinto bosquejo se desprenden consideraciones que es preciso poner de relieve. Porque, de lo dicho hasta aquí, parece desprenderse que la proporción global de ciudadanos que usan las BP se sitúa entre los sectores más activos en el acceso a la información y el conocimiento, entre aquellos, en definitiva, cuyos hábitos de lectura e información son más amplios e intensos. El usuario tipo de las BP se dibuja como una persona joven, con estudios ya terminados de nivel secundario o superior, con una posición social desahogada, incluso con un equipamiento cultural en el hogar por encima de la media del Estado, y con una clara vinculación a actividades educativas y de aprendizaje en primer término.

Atender las necesidades de estos sectores de población es indudablemente una responsabilidad de enorme relevancia, en una sociedad en la que las posibilidades de desarrollo individual o colectivo y el valor de sus recursos humanos ha pasado a radicar en su capacidad para incorporar conocimiento e información. Sin embargo, fuera del sector de ciudadanos a los que atienden las BP, parecen quedarse sobre todo personas con niveles educativos inferiores, con hábitos culturales más débiles, los sectores de población inactiva, incluso los sectores de población social o económicamente más desfavorecidos. Con los datos disponibles y los análisis realizados no puede evaluarse con rigor el alcance de una deducción de este tipo, si bien hay indicios suficientes como para pensar que no se trata de una hipótesis descabellada. Y, de confirmarse en mayor o menor medida, habría que pensar que las BP están aún lejos de cumplir su función de inclusión social, de convertirse en la práctica en un servicio público que permita la democratización y la igualdad de oportunidades en el ejercicio del derecho a la cultura, la educación y la información, superando los desequilibrios y desigualdades latentes en la sociedad actual.

Ahora bien, tampoco procede afirmar con carácter general que las BP tan sólo atiendan a quienes menos precisan de su existencia como servicio público, desatendiendo a quienes más necesitan que la sociedad les facilite superar sus carencias en el acceso a la información y el conocimiento. Sobre todo porque esta posibilidad no afecta de la misma manera a todos los municipios y está en relación directa con la adecuación de los servicios de BP de que disponen para atender a sus ciudadanos.

La proporción de habitantes que en un municipio utiliza la biblioteca es baja en aquellas localidades donde los puntos de servicio y los recursos de las BP no se han adecuado todavía, en cantidad y calidad, a su población y sus necesidades. Si las BP tienen por tanto una capacidad de servicio muy por debajo del volumen de población a la que tienen que servir, es lógico que sean algunos de los sectores de población más activos en el uso de la información los que acaparen esa oferta exigua, impidiendo que la biblioteca pueda atender otras demandas.

Se puede presumir que en municipios donde el porcentaje de prestatarios inscritos en las BP descienda del 25 por ciento, éstos coincidirán mayoritariamente con los sectores que manifiestan y sienten necesidades más perentorias y su utilización de la biblioteca agotará los pocos recursos materiales y humanos de que dispone el servicio. Por el contrario, en los municipios en los que la proporción de prestatarios inscritos supera el 35 por ciento sobre el conjunto de la población, la simple lógica demográfica indica que disponen de un servicio de BP capaz de cumplir su cometido de atender a todo tipo de ciudadanos y no sólo a una minoría previamente interesada.



[65] El estudio sobre Consumo cultural del CIS (Boletín núm 22, en http://www.cis.es/boletin/22/cultural.html) cifraba en un 12% los españoles de 14 o más años que en 1999 acudían a una biblioteca al menos una vez al mes. El Informe SGAE... (2000) estima el porcentaje de los que acudían a una biblioteca en el trimestre en un 8,6% para 1997 y en un 8,5% para 1998.

[66] El porcentaje es mayor para el público infantil, 58%, que entre los prestatarios adultos, estimado en el 49%. Vid., en esta publicación, el informe de Tea Cegos Estudios de opinión sobre las bibliotecas públicas en España, Vol. 2, en http://www.fundaciongsr.es/bp/Vol2.PDF.

[67] La estimación está basada en el siguiente cálculo: El 29% de público infantil sobre el total de prestatarios inscritos (7,5 millones) supondría una cifra cercana a los 2,2 millones de prestatarios infantiles. Partiendo de los datos del CIS, el 12% de españoles de 14 o más años usuarios habituales de bibliotecas, significaría 4,74 millones de personas, cantidad que sumada a los usuarios infantiles superaría los 6,9 millones de españoles usuarios de BP, el 18 por ciento del total de la población estimada por el INE para el año 2000 (Indicadores sociales 1999, en http://www.ine.es/espcif/espcifes/pobl99.pdf).

[68] La muestra , por tanto, de usuarios de BP está compuesta por 508 individuos, 296 entre 14 y 17 años y 212 de 18 o más, un tamaño considerado suficiente para obtener resultados sobre el conjunto de la población española, si bien sus conclusiones no pueden ser desagregadas por comunidades autónomas o provincias. Por otra parte, la agregación de ambos subsectores, aplicando coeficientes de ponderación para que la suma resultante se ajuste a la realidad por edades de la población española, arroja un porcentaje de usuarios de BP del 30% sobre el conjunto de la población de 14 o más años. La desviación al alza que refleja este porcentaje en relación con las estimaciones anteriores se explica por la mayor predisposición a responder a una entrevista sobre BP por quienes son usuarios de las mismas, respecto a los que no tienen con ellas vinculación alguna. (Vid. Estudios de opinión..., Vol. 3)

[69] En la segmentación de edades que aquí se utiliza, el grupo de los adultos-jóvenes hace referencia a la cohorte de población entre los 25 y los 34 años. Se trata de una agrupación no muy frecuente aún en ámbitos bibliotecarios españoles, pero que aparece cada vez con más frecuencia en la literatura profesional de otros países europeos y de Norteamérica y que agrupa a un sector de edad cuya importancia entre los usuarios de BP va en aumento.

[70] Las estimaciones de disponibilidad y uso de TIC sobre el conjunto de la población española ofrecen efectivamente porcentajes menos abultados. En el año 2000, el índice de penetración del ordenador personal en los hogares españoles estaría en el  36%, según el estudio elaborado por Salustiano del Campo, para la Fundación de Estudios Sociológicos (Referencia de ZDNet Noticias de 22.02.01, en http://www.zdnet-es.com/canales/zdnn/zdnoticias.html). El Estudio General de Medios evalúa el porcentaje de españoles de 14 años o más que usan el ordenador en casi el 30% a principios de 2000, y en el 12,4% los que tienen acceso a Internet. Aunque la disponibilidad de acceso a Internet es mayor desde los centros de trabajo o estudio para muchos españoles que desde los hogares, el uso desde casa gana terreno porcentual de forma decidida: a principios de 1997 el hogar era el lugar de acceso para el 33% de los españoles que usaban Internet, porcentaje que pasa al 51% en 2000, mientras que el acceso desde el trabajo desciende del 46% al 41% y el acceso desde el centro estudios o  la universidad pasa a representar el 16% frente al 23% que representaba en 1997 (EGM, Datos de usuarios de Internet en España, en http://www.aui.es/estadi/egm/iegm.htm).




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