3.3. El préstamo, el servicio estrella (Continuación)
Puesto que los préstamos realizados por las BP son, entre los datos estadísticos analizados, los únicos que indican resultados concretos de sus servicios, es especialmente significativo analizarlos en relación con los otros indicadores que se han elaborado y que indican la capacidad de oferta de las bibliotecas. Se trata, en definitiva, de saber hasta qué punto el uso mayor o menor que se hace del préstamo de las BP guarda relación o está asociado a la cantidad y características de bibliotecas disponibles en sus localidades, a los recursos informativos con que cuentan o a los recursos humanos y económicos que se les asignan. Para ello, se ha examinado la situación que presenta un amplio conjunto de municipios, compuesto por las 115 ciudades con población superior a los 50.000 habitantes[81] más una muestra de los 20 municipios entre 5.000 y 50.000 habitantes que reflejan mejores índices de préstamos en sus bibliotecas.[82]
La observación de estos datos permite constatar, de nuevo, las importantes diferencias existentes: sobre una mayoría de municipios en los que la tónica general muestra una escasa incidencia del préstamo de bibliotecas públicas entre la población, destaca un reducido grupo de ciudades en las que el uso que sus habitantes hacen de este servicio refleja la presencia de bibliotecas públicas modernas y activas, cuya capacidad de servicio entre los ciudadanos se asemeja más a la de los países europeos de tradición bibliotecaria. Las diferencias según el tamaño de la población son notorias: en las seis ciudades del Estado de más de medio millón de habitantes, tan sólo Zaragoza alcanza la media nacional; entre los 50.000 y 500.000 habitantes, las diferencias entre unas ciudades y otras son ya extremas, con doce ciudades que superan los dos préstamos por habitante al año, y cuarenta cuyos datos no llegan a 0,4 préstamos; pero es en las pequeñas ciudades donde aparecen los índices más elevados, con más de medio centenar en las que se alcanzan o superan dos préstamos por habitante.[83]

Las claves para explicar tales diferencias podrían hallarse, en primer lugar, en el número de habitantes a los que corresponde cada punto de servicio de biblioteca pública. La baja relación de préstamos por habitante aparece claramente asociada a la insuficiencia de bibliotecas y puntos de servicio para el volumen de ciudadanos que deberían atender. Los casos más extremos de ciudades con un solo punto de servicio para más de 100.000 habitantes, en las que difícilmente puede pensarse que el número de ciudadanos que cada día pueden acceder a los servicios de la biblioteca supere un reducidísimo grupo,[84] contrasta con las ciudades de mayor índice de préstamos, muchas de las cuales disponen de redes urbanas en las que se distribuyen bibliotecas, agencias de lectura o servicios de extensión bibliotecaria de manera más adecuada. La escasez de bibliotecas o puntos de servicio aparece como un determinante de primer orden para las posibilidades de los ciudadanos, que sólo se salva en las ciudades de menos de 100.000 habitantes en las que aquellos disponen de una biblioteca de dimensiones y horarios amplios, algo que resulta insuficiente para localidades mayores.[85]
De forma complementaria a la distribución de puntos de servicio aparece la superficie relativa, que aumenta o disminuye paralelamente a los índices de préstamos realizados. El número de volúmenes por habitante de que disponen las bibliotecas es lógicamente otro de los índices que aparece claramente asociado a los préstamos que se realizan. Sin embargo, no es tanto la cantidad como la calidad lo que parece marcar las diferencias. Evidentemente, en ninguna de las ciudades en las que los préstamos realizados están muy por debajo de la media nacional se alcanza tampoco el índice medio de volúmenes por habitante, que para los municipios que disponen de BP es de 1,26,[86] pero esa circunstancia aparece también en municipios con buenos resultados de los servicios de préstamos de sus bibliotecas, aunque se acerquen bastante a la media nacional.
Pero donde se ve una asociación más clara es en el número de ejemplares sonoros, audiovisuales o electrónicos que han incorporado a sus recursos informativos y en la proporción de ejemplares con que cada año renuevan o amplían sus colecciones. Ambos indicadores reflejan el nivel de actualización y de diversificación de las colecciones de las BP en la sociedad actual, y son estas características, más que la cantidad de ejemplares de que están compuestas, las que aparecen asociadas a su capacidad real de servicio a los ciudadanos. Es en los municipios cuyas bibliotecas no limitan sus colecciones a los materiales impresos y las renuevan cada año con nuevas adquisiciones donde se alcanzan los índices de préstamos por habitante más altos. De hecho, son excepcionales las ciudades de más de 5.000 habitantes en las que se supera la media de préstamos por habitante y en las que no se supera también el índice de materiales audiovisuales y electrónicos disponibles.
También la automatización de la biblioteca, que no sólo mejora la gestión y el rendimiento de la misma, sino que sobre todo facilita y difunde su accesibilidad entre los ciudadanos, está presente en la mayoría de las bibliotecas públicas que tienen altos índices de préstamos, aunque vista su relativa extensión también en ciudades con índices bajos no parece que sea un factor de primera línea.
Por último, considerando los recursos económicos y humanos con que cuentan las BP, hay dos indicadores que resaltan en su relación con los altos índices de préstamos que realizan: el personal y los gastos en adquisiciones. Más que el total de gastos realizados al año por una biblioteca, la cantidad asignada a renovar su colección aparece asociada a mayores o menores índices de préstamo, de la misma manera que es más directa la relación del número de personas que atienden los servicios que los gastos derivados por este personal.
En resumen, se podría concluir que los altos índices de préstamos por habitante que se han alcanzado en los últimos años en un significativo número de municipios guardan relación, de manera destacada, con el número y dimensiones de las bibliotecas y puntos de servicio de que disponen, con el nivel de diversificación y actualización de sus colecciones y recursos informativos, y con la dotación de personal y recursos financieros adecuados para atender un servicio público abierto a todas las personas y colectivos.
Para los que acuden a las BP, el servicio de préstamo es en cualquier caso el que goza de mayor aceptación. La Encuesta a la población española revela que es utilizado por al menos seis de cada diez usuarios de las bibliotecas y que llevarse o devolver algo en préstamo es la actividad más extendida cuando se trata de usuarios adultos, y la segunda en importancia, tras las actividades de estudio, entre los adolescentes y los jóvenes, que sin embargo siguen siendo quienes utilizan en mayor medida el servicio:

En el uso del préstamo, superan la media nacional Cataluña (74 por ciento) y Valencia (82 por ciento), mientras Andalucía arroja un 55 por ciento y Madrid un 54 por ciento. Por lo demás, el tipo de obras que se toman en préstamo refleja no solamente las preferencias del público y su edad, sino también la oferta que realizan las bibliotecas: la literatura (libros de poesía, novelas, ensayos...) y las obras de estudio o profesionales ocupan el lugar de preferencia con un porcentaje similar, el 38 por ciento; un cuatro por ciento declara haber llevado en préstamo revistas; mientras los vídeos, con el cinco por ciento, y los discos de música, con el cuatro por ciento, tienen en conjunto un papel poco significativo.
En 1999,[87] el 85 por ciento de los préstamos realizados por las BP fueron libros o publicaciones periódicas, es decir, documentos impresos, mientras que los discos de audio, los vídeos o los materiales electrónicos apenas sobrepasaron el 15 por ciento de los préstamos, como puede observarse en algunas comunidades autónomas:

[81] En los 115 municipios españoles que en 1998 tienen una población superior a los 50.000 hab, reside el 51% de los españoles, de los que el 18% están registrados como usuarios en las BP. En tan sólo 34 de estos municipios (el 30%), los préstamos por habitante en 1998 fueron iguales o superiores a la media nacional (0,8), mientras que, por el contrario, en casi la mitad de ellos, 52 (el 45%), no se llegó a superar 0,4 préstamos por habitante. Para la obtención de éste y los otros indicadores de BP en municipios españoles, se han agregado los datos de todas las bibliotecas y puntos de servicio de un municipio, al margen de su titularidad, excepto las bibliotecas o unidades administrativas compuestas por puntos de servicio móviles, que figuran ubicados en una ciudad, normalmente una capital de provincia, pero que prestan servicio en el ámbito rural.
[82] En ese tramo de población figuraban, en 1998, 956 municipios, representando el 32% de la población española y con un 23% de prestatarios de BP. En 356 de ellos (el 37%) el número de préstamos por habitante superaba el índice medio, un porcentaje algo mejor que en las ciudades del grupo anterior, si bien la proporción de los que no superan los 0,4 préstamos por habitante es muy similar, un 44%. Sin embargo, en este subconjunto de municipios, los datos concretos de cierto número de bibliotecas presentan información incompleta o que ofrece dudas sobre su fiabilidad. Las comprobaciones realizadas han permitido constatar que en algunas bibliotecas han facilitado en los cuestionarios, como préstamos a usuarios, los préstamos reales más la estimación de materiales utilizados en sala. En los casos en que ha sido posible, por disponer de los datos reales, se han corregido: son las bibliotecas públicas de Aguilar de Campoo (30.852 préstamos, en lugar de 70.525), Laguna de Duero (21.109, en lugar de 97.227), Medina de Rioseco (11.559, en lugar de 47.832), Peñafiel (27.597, en lugar de 46.989), Tordesillas (14.544, en lugar de 128.946), Orense (49.429 en lugar de 158.804) y Lugo (38.248 en lugar de 121.296). Por datos incompletos o claramente erróneos, no se han podido establecer indicadores relacionados con el préstamo en 240 de los 2.985 municipios con BP en 1998.
[83] Vid. las tablas completas en URL. La relación que figura en la tabla, correspondiente a los municipios entre 5.000 y 50.000 habitantes, no es totalmente secuencial con respecto a los datos manejados, ya que no se han tenido en cuenta aquellas localidades en cuyas bibliotecas aparecen datos claramente dudosos y no se ha podido confirmar su veracidad.
[84] Sin duda, el caso más extremo de los observados lo refleja la ciudad de Vigo que, con sus casi 300.000 habitantes, disponía en 1998 de tan sólo una biblioteca pública con un solo punto de servicio. La media para el conjunto de municipios españoles con biblioteca pública es de 1 punto de servicio para cada 13.229 habitantes.
[85] La presencia o no de Bibliotecas Públicas del Estado (y sus características) se refleja claramente en las diferencias de los indicadores de préstamo. Su peso es evidente en las capitales de provincia de tamaño más reducido, en varias de las cuales es el único punto de servicio de BP existente, pese a lo cual se superan los índices de préstamo del conjunto de España. Es, sin duda, uno de los factores que explica los índices especialmente positivos de la comunidad autónoma de Castilla y León. Pero no es suficiente en localidades mayores, en las que el desarrollo de redes urbanas por parte de los ayuntamientos está en la base de unos buenos índices de préstamo, mientras que la escasa iniciativa municipal explicaría los casos contrarios. Entre la ciudades de más de 50.000 habitantes que no disponen de BPE pero sí tienen altos índices de préstamos, es significativa la presencia de al menos ocho ciudades de la provincia de Barcelona, que disponen por lo general de una biblioteca de dimensiones grande o mediana, mientras que en el resto es más frecuente un modelo basado en una red de bibliotecas municipales medianas o pequeñas.
[86] Índice ponderado. Para el conjunto de España, la media ponderada se calcula partir del índice medio en los municipios de 5.001 a 500.000 habitantes.
[87] Fuente para los datos de 1999, Anuario estadístico... (2000).
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DE LA EDICIÓN ELECTRÓNICA, 2001
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Ramón Salaberría; Tomás Saorín; Joaquín
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