3.4. Otros servicios
El préstamo a los usuarios no es el único servicio que realizan las BP. De hecho, el uso más generalizado que se hace de ellas, aunque no se disponga de datos estadísticos, se da en las salas de lectura y estudio, para un abanico cada vez más amplio de actividades que van desde la lectura de la prensa y la realización de trabajos académicos, al visionado de películas o la audición de discos compactos; desde la consulta o solicitud de una información concreta, a la participación en actividades de fomento de la lectura; desde el aprendizaje en un mejor uso de la información, a la utilización de las TIC y de los servicios de internet. La identificación de las dependencias de las bibliotecas como meras salas de estudio para escolares o estudiantes de cualquier tipo se ha roto definitivamente en muchas bibliotecas, donde, además de encontrar recursos para sus estudios, los ciudadanos de cualquier edad disponen y utilizan variados recursos para sus inquietudes culturales, sus demandas de información o sus necesidades de acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Las BP se adscriben tradicionalmente a los servicios culturales. Muchas de ellas forman parte de un centro cultural o se han constituido como tal, participando activamente en la vida cultural de su localidad. De hecho, siete de cada diez BP realizaban en 1998 alguna actividad de ese tipo, según los datos estadísticos recogidos, entre las que se engloban visitas guiadas, actividades de animación, programas de formación de usuarios, presentaciones, coloquios y conferencias, proyecciones, audiciones colectivas, exposiciones artísticas o divulgativas, representaciones teatrales, conciertos o recitales. El desarrollo de estas actividades, organizadas por la propia biblioteca o por otra entidad dentro de sus instalaciones, es más frecuente en las bibliotecas de municipios grandes que en las de las pequeñas localidades.

Con todo, no hay que menospreciar los porcentajes más reducidos registrados en las localidades inferiores a 5.000 y 2.000 habitantes, donde la ausencia de otros servicios culturales concede a las bibliotecas una relevancia especial. Entre las distintas comunidades autónomas, se situaban en 1998 por encima de la media nacional Cataluña (85 por ciento), Baleares (85 por ciento), Castilla-La Mancha (81 por ciento), Galicia (81 por ciento), Murcia (80 por ciento), País Vasco (77 por ciento), Navarra (76 por ciento) y Madrid (74 por ciento), mientras que era Extremadura (55 por ciento) la comunidad con un menor porcentaje de bibliotecas con actividades culturales.[88]
Pero los servicios que ofrecen las BP se han incrementado y diversificado en los últimos años, en un amplio abanico de posibilidades cuyo límite, en la práctica, está en los recursos humanos y materiales de que dispone cada biblioteca. Más allá de las fuentes estadísticas, una idea más aproximada y rica de los servicios que actualmente ofrecen las bibliotecas la ilustra la Encuesta a los bibliotecarios realizada para este estudio.

De los nuevos servicios que se han ido desarrollando en las BP parecen tener un impulso especial los relacionados con el suministro de información a los ciudadanos, con el ámbito local y con el aprovechamiento de las nuevas TIC. Es notorio el auge de los servicios de información: tres de cada cuatro bibliotecas ofrecen servicios de referencia y casi la mitad lo hacen también con informes y búsquedas solicitadas directamente por los usuarios. Los servicios de información comunitaria están presentes en más de la mitad de las bibliotecas y, en menor medida aunque también en expansión, aparecen servicios de información a entidades, servicios de alerta y difusión selectiva de información o información a través de la web.
El ámbito local, bien como temática, bien en su adaptación a las circunstancias concretas de cada comunidad, es sin duda otro de los ejes que parecen orientar los nuevos servicios y en otro capítulo de esta obra se ilustran los importantes avances que en este sentido están desarrollando muchas bibliotecas.[89] Pero es, sin duda, la integración y aprovechamiento de las nuevas tecnologías el motor más significativo que impulsa la modernización de las bibliotecas públicas. El uso de equipos multimedia y el acceso a internet para los usuarios, la presencia en internet de la propia biblioteca con información, servicios y catálogos disponibles en red, o el mantenimiento de bases de datos de interés local ofrecen las mayores perspectivas de crecimiento, al menos según la previsión de los bibliotecarios que están al frente de las BP. Si en estos momentos tales servicios han sido asumidos ya por cerca de la cuarta parte de las bibliotecas públicas, es lógico pensar que su extensión alcance porcentajes entre el 50 por ciento y el 75 por ciento en un período razonablemente corto.[90] Los bibliotecarios del Estado español parecen tener claro que es en la adaptación e integración de las TIC a los servicios de las bibliotecas donde reside una de las prioridades más claras en la actualidad. Probablemente porque los ciudadanos, como se verá más adelante, también sitúan ahí sus prioridades.
Las actividades y programas de formación de usuarios, dirigidos a que las personas adquieran destrezas en la selección, acceso y uso de los recursos informativos de la actualidad, se han extendido en pocos años convirtiéndose en uno de los nuevos servicios de mayor pujanza, junto a otros servicios formativos para adultos orientados con frecuencia hacia lo que se conoce como alfabetización informacional o hacia el aprendizaje y formación continuadas de las personas a lo largo de su vida. También se contemplan con cierta fuerza los servicios de extensión bibliotecaria que, junto a los más tradicionales como agencias de lectura, puntos de información o bibliobuses, se desarrollan con fórmulas nuevas e imaginativas de gran éxito, como los servicios estacionales en piscinas, playas o parques públicos.
Sin embargo, resulta llamativo que más de la mitad de las bibliotecas no presten ni tengan planteado prestar servicios de audición o visionado de audiovisuales en sus salas. De la misma forma, los servicios especiales para personas con discapacidades apenas tienen relevancia en la práctica y en los planes de las bibliotecas, siendo siete de cada diez las que ni siquiera los incluyen en sus proyectos a corto plazo. Y llama la atención en ambos casos por su contraste con la opinión de los usuarios y de los responsables políticos y profesionales, que incluyen esos servicios en la primera línea de sus demandas o prioridades, como se tendrá ocasión de ver más adelante.
[88] Los datos de 1999 (Anuario..., 2000) ofrecen una media inferior, 64%, de bibliotecas (puntos de servicio, en realidad) que realizan actividades culturales. Las discrepancias son, sin embargo, mayores en su distribución por CA respecto a los datos recogidos por el INE para 1998. Así, según los datos del Anuario... en 1999 figuran a la cabeza las dos comunidades insulares (95% y 94%), Navarra (93%), Cataluña (88%), Madrid (77%), Asturias (67%) y Andalucía (64%). Por debajo de la media nacional aparecen en 1999 Castilla y León (59%), La Rioja (56%), Murcia (55%), Aragón (44%) y, cerrando la lista de las comunidades de las se dispone de información, Castilla-La Mancha (14%).
[89] Vid., en esta misma publicación, el capítulo de M. Ramona Domínguez Sanjurjo y José Antonio Merlo Vega, Las bibliotecas públicas al servicio de la comunidad, en http://www.fundaciongsr.es/bp/bp05.htm.
[90] Vid., en esta misma publicación, el capítulo de Alejandro Carrión Gútiez, Las tecnologías de la información y las comunicaciones en las bibliotecas públicas españolas: nuevos usuarios y nuevos servicios, en http://www.fundaciongsr.es/bp/bp07.htm.
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DE LA EDICIÓN ELECTRÓNICA, 2001
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Cultura y Deporte.
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DE LOS TEXTOS
Fernando Armario; Alejandro Carrión; ;M. Ramona Domínguez; José
Antonio Gómez; Hilario Hernández; Terasa Mañà;
Carme Mayol; José Antonio Merlo; José María Nogales;
Ramón Salaberría; Tomás Saorín; Joaquín
Selgas; Tea Cegos.
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DE LAS TABLAS Y GRÁFICOS ESTADÍSTICOS
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