4.1. Un perfil en claroscuro (Continuación)

Con todo, no parece ser la insuficiencia general de medios la principal barrera con que se topan las BP para atender con sus servicios a una amplia proporción de ciudadanos de todas las edades y condiciones. Parece claro que las bibliotecas públicas tienen también un problema de imagen en nuestra sociedad, que incide de manera decisiva, en opinión de los sectores consultados, en el hecho de que importantes sectores de población no acudan a ellas, al asociarlas con funciones o actividades que consideran ajenas a sus intereses e inquietudes. En esta línea apuntan las principales razones que se destacan para explicar por qué las BP no son utilizadas por más ciudadanos, antes que las que ponen de relieve una capacidad de servicio limitada por las asignaciones inapropiadas o insuficientes.

En efecto, el mayor grado de acuerdo se produce en que son consideradas por los ciudadanos fundamentalmente como lugares de estudio y, como tales, destinadas a aquellas personas que siguen estudios regulares. Otro motivo en el que coincide un mayor número de encuestados es una consideración externa al propio servicio: el tópico de que en España “se lee muy poco”[97] provocaría el desinterés por unas bibliotecas consideradas como centros de lectura, que tienen en la promoción de la lectura de libros uno de sus perfiles más reconocibles. También éste fue el motivo destacado en primer lugar por los políticos entrevistados, opinión de la que sin embargo se desmarcan los especialistas y profesionales, para quienes sería la penúltima razón en importancia de la lista propuesta.

Los encuestados opinaron mayoritariamente que el público desconoce la existencia de las BP o sus servicios. Este problema se relaciona con la carencia de una promoción y difusión adecuadas de los servicios de las BP, que provoca su desconocimiento por parte de buena parte del público. Sin embargo, el desacuerdo es claro con otra de las imágenes que han tenido en los últimos años una amplia difusión en nuestro país: la supuesta “ocupación” de las BP por el público escolar o estudiantil no es considerada como un problema relevante ni por políticos ni por bibliotecarios, aunque sí merece el acuerdo mínimo de los especialistas.

El consenso es también general a la hora de señalar, como segundos en importancia, los problemas generados por la carencia o inadecuación de los recursos: los informativos en primer lugar, los humanos y económicos a continuación y, con menor alcance, las instalaciones y equipamientos. Por último, hay que destacar la opinión mayoritaria de que los servicios que se prestan en las bibliotecas interesan al gran público y que se dispone de horarios suficientes y apropiados, opinión aparentemente que contrasta con las aspiraciones de los usuarios y con los datos estadísticos.

Como se ha expuesto en páginas anteriores, el principal motivo que señalan los encuestados por el que no acuden a las bibliotecas públicas es justamente el considerar que no ofrecen nada que les interese. Tras esta discrepancia hay evidentemente distintas percepciones sobre el atractivo e interés de la oferta que realizan las bibliotecas, pero también cabe explicarla por la falta de una amplia y adecuada promoción. Parece pervivir con fuerza una imagen anticuada y deformada de lo que hoy día son  las BP y los servicios que ofertan, imagen que no ha sido sustituida por el nuevo perfil de biblioteca pública, moderna, abierta a todos los ciudadanos, capaz de adecuarse a ellos con una amplia gama de servicios y materiales diversos.

En efecto, en el imaginario de quienes no utilizan las BP, éstas parecen seguir asociadas a una imagen tradicional que las inscribe en el ámbito del estudio, la lectura y el ocio, con unas difusas expectativas de modernización y apertura a todos los ciudadanos.

La apreciación de lo que son y debieran ser las bibliotecas es, sin duda, más precisa entre los bibliotecarios, políticos y otros profesionales consultados, conviniendo en mayor grado en las distancias existentes entre la realidad y lo deseable. Aunque el cumplimiento de las diversas funciones asignadas a las BP merece una calificación global de “aprobado”, la importancia que les asignan bibliotecarios, políticos y otros profesionales dista un buen trecho del nivel alcanzado en la práctica.

Para los bibliotecarios, las misiones cuyo cumplimiento merecen una mejor valoración son la accesibilidad a los materiales y recursos informativos y el apoyo que se presta a la educación, mientras que el único “suspenso” se lo asignan al acceso que se facilita en las bibliotecas a las TIC. Es ahí precisamente donde hay una mayor distancia entre la realidad y la importancia que le confieren (4,4 puntos de diferencia), distancia también destacable (3,1 puntos) en la capacidad de las BP para atender a los sectores más desfavorecidos de la población. Con todo, la actualidad y calidad de la colección, el fomento de la lectura de libros y la accesibilidad a los recursos informativos son los aspectos a los que conceden mayor importancia. En el menor rango de prioridad, al igual que políticos y especialistas, sitúan las normas y reglamentos de uso y la conservación de la colección, aspectos en los que coincide también una menor distancia entre la realidad y lo deseable.

La apreciación de los políticos en cuanto a la realización o cumplimiento de las misiones asignadas a las bibliotecas no difiere demasiado de la expresada por los profesionales, si bien entre las prioridades destacan en primer término el fomento de la lectura de libros. Sin embargo, para los especialistas consultados, el fomento y mejora de los hábitos informativos de la población adquiere hoy la mayor importancia y es en esta misión donde aprecian un mayor desfase en la realidad (4,4 puntos), algo en lo que concuerdan con los responsables políticos (3,5 puntos de diferencia). Facilitar el acceso a las nuevas tecnologías de la información y atender a los sectores desfavorecidos de la población son, para todos los sectores consultados, asignaturas manifiestamente mejorables que no adquieren en la práctica la importancia que les conceden sobre el papel, y a las que se suma en el caso de los especialistas la misión de dar soporte a la diversidad cultural como tarea en la que aprecian mayores distancias.

De lo expresado por los especialistas entrevistados cabe destacar además algunos contrastes con el resto. A diferencia de los bibliotecarios y de los representantes políticos, conceden al fomento de la lectura de libros una importancia intermedia, apreciando una de las menores distancias entre su nivel de realización y la importancia que le confieren (1,8 puntos). Son además quienes se muestran más críticos con el nivel de cumplimiento de las misiones que se les propone valorar, tanto en lo discreto de sus mejores valoraciones (la más alta, la accesibilidad a los materiales, solo llega al un 6,7), como a la hora de conceder valoraciones inferiores a cinco a las tres misiones en las que estiman una mayor distancia entre teoría y práctica, el fomento y mejora de hábitos informativos, la atención a sectores desfavorecidos y el soporte a la diversidad cultural.



[97] En las informaciones que se difunden en los medios de comunicación sobre los niveles de lectura en España, llega a ser pertinaz la insistencia en presentar un vaso medio vacío, por más que no pare de llenarse poco a poco. Si a principios de 2000, con ocasión de la presentación del Informe SGAE... (2000) se resaltaba en titulares que “la mitad de los españoles admite no leer nunca”, concretando en el texto que “el 49,1 por ciento no lee nunca o casi nunca un  libro” (La Vanguardia, 19.01.00, edición digital). Un año después, la presentación del estudio de la Federación del Gremio de Editores merecía este titular: “Un estudio revela que el 42% de los españoles no lee nunca o casi nunca” (El País, 17.03.01, p. 32). Vid. al respecto el capítulo de esta obra, de José Antonio Gómez y Tomás Saorín, La imagen actual de las bibliotecas públicas en la cultura de masas, o el artículo de Antonio Basanta La construcción del lector (Temas para el debate, núm 72, 2000; disponible en http://www.fundaciongsr.es/pdfs/abasanta.pdf ).




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