4.2. Expectativas y oportunidades de futuro

Resta por último, examinar las opiniones que los distintos colectivos encuestados sobre las perspectivas de futuro de las BP, las expectativas que tienen en ellas o las orientaciones que, a su criterio, deberían dirigir su desarrollo. Evidentemente, de todo lo expuesto hasta aquí son muchas las consideraciones que pueden derivarse para que todos los ciudadanos dispongan de un servicio de BP adecuado y eficaz, en la línea de los existentes en los países desarrollados del nuestro europeo y occidental. Pero, de una manera más específica, las Encuestas realizadas para este estudio han pretendido también conocer expresamente el parecer de ciudadanos, políticos y profesionales sobre las prioridades que en estos momentos deberían definir el papel de las bibliotecas en la sociedad.

Desde hace décadas, las BP se han orientado alrededor de tres misiones claves: la cultura, la educación y la información. Desde los Manifiestos de la Unesco, cuando proclaman su fe “en la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación, la cultura y la información”, hasta la totalidad de las leyes de bibliotecas promulgadas por las distintas comunidades autónomas, estas tres funciones aparecen como el eje que articula los servicios de las bibliotecas públicas, poniéndose, en cada momento y en cada lugar, un mayor énfasis en una u otra. Aunque por lo general se asimile las bibliotecas exclusivamente a los servicios culturales, lo cierto es que son a la vez servicios de información y servicios educativos (o, si se prefiere, servicios de educación no formal y de apoyo a la educación formal). Por eso, parecía imprescindible pulsar la opinión cualificada de los responsables políticos y de los profesionales relacionados con las bibliotecas sobre la importancia que estas funciones deberían adquirir hoy día, pregunta que se formuló sin ofrecer una lista de respuestas por las que optar.

El criterio mayoritario se expresa por la continuidad de estas tres misiones como eje de los objetivos de las bibliotecas públicas. Ahora bien, la segunda orientación en que vienen a coincidir en mayor porcentaje concreta de manera más específica el cómo: adaptándose a los nuevos tiempos y aprovechando las oportunidades de las nuevas tecnologías de información y comunicación. Con un grado de coincidencia superior a la tercera parte de los encuestados y con una mayor insistencia por parte de los profesionales, se señala la necesidad de adaptar las bibliotecas y sus servicios a todos los ciudadanos. Y, si hay una prioridad en alguna de las tres misiones tradicionales de las bibliotecas, ésta es, según su opinión, la misión informativa, la necesidad de potenciar la biblioteca como un centro de información.

Las demás respuestas aportadas presentan niveles de coincidencia sensiblemente inferiores, aunque merecen destacarse algunos detalles. Son los profesionales quienes inciden casi en solitario en algunas de ellas, como la conveniencia de definir las prioridades de una manera concreta en cada situación, en función del entorno y de la presencia o no de otros servicios complementarios en ámbitos de actuación cercanos o similares. Por otra parte, el papel que se le asigna a la función educativa no parece concretarse demasiado, apareciendo formulado desde distintas perspectivas en las que coinciden, en conjunto, un 12 por ciento de los entrevistados. También la función cultural se señala de manera genérica (fomentar la creatividad, labor cultural, ocio) y por parte de una minoría, lo que da más fuerza, si cabe, a la orientación mayoritariamente apuntada de las bibliotecas como centros de información adaptados a los nuevos tiempos y tecnologías comunicativas.

Sin embargo, la adscripción tradicional de las BP a los servicios culturales no es cuestionada por políticos y profesionales al preguntárseles si creen que debe seguir siendo así o más bien articularse con otras políticas o servicios, tales como los servicios de información, los educativos, la política ocupacional o los servicios sociales. En conjunto, uno de cada cuatro encuestados piensa que las bibliotecas deben seguir adscritas a la cultura, pero dos terceras partes reclaman que se articule y tenga relación con otros servicios públicos, citando varios departamentos. Para un 15 por ciento no es importante su adscripción y un nueve por ciento de los especialistas entrevistados piensa que deben “salirse de cultura”. Por su parte, un reducido porcentaje de los políticos de la muestra, el cuatro por ciento, apunta una alternativa tremendamente significativa consistente en que las BP se adscriban a las áreas de desarrollo local de los ayuntamientos. Quizás en esa misma línea habría que entender la opción un tanto difusa, sugerida por el cuatro por ciento del conjunto, de que las bibliotecas se constituyan como servicio básico de la comunidad. Ambas opciones vendrían a indicar que la imagen de una nueva biblioteca pública capaz de prestar servicios eficaces e importantes a la sociedad en la nueva sociedad de la información, aunque no sea aún generalizada, está presente en nuestro país, sin duda porque esa nueva biblioteca también existe y se va extendiendo en muchas ciudades y pueblos.

Una de las características tradicionalmente asociadas a las BP ha sido y sigue siendo, en líneas generales, que ofrecen sus servicios de forma gratuita. Sin embargo, en los últimos años son varias las autoridades bibliotecarias que se han planteado el establecimiento de tasas para, por ejemplo, el préstamo a domicilio o, sobre todo, el acceso a los servicios de internet. La opinión expresada por políticos y profesionales se inclina mayoritariamente por que los servicios que prestan las bibliotecas sigan siendo gratuitos (el 69 por ciento de los políticos y el 53 por ciento de los otros profesionales). Establecer tasas para algunos servicios determinados,  posibilidad admitida por el 30 por ciento de los políticos y por cerca de la mitad de los profesionales entrevistados, se justifica para los servicios de internet, por la escasez de recursos o como una medida de valoración social del servicio, (“lo gratuito se valora menos”), si bien se suele precisar que no debería tratarse nunca de tasas disuasorias.[98]

La eclosión de internet no solamente ha supuesto que algunas bibliotecas públicas se hayan planteado el establecimiento de servicios de pago. Es, sin duda, el fenómeno de mayor trascendencia en la actual transformación de las bibliotecas, hasta el punto de que en más de una ocasión se haya cuestionado su viabilidad como servicio local de transferencia de información y como servicio público del que se dota la sociedad. Por ello resultaba de interés conocer la opinión de políticos y profesionales sobre la incidencia que Internet puede tener en las BP.

Lejos de pensar que el desarrollo de internet haga innecesarias las bibliotecas, las opiniones expresadas se dirigen mayoritariamente en una misma dirección: la red pone de relieve precisamente el valor social de las BP, realzando su papel democratizador en el acceso a la información y el conocimiento para todos los ciudadanos. Parece claro que “el modelo actual de biblioteca se desfasará en poco tiempo”, mientras que la sociedad precisa de unas bibliotecas que adapten e integren los nuevos medios de comunicación y difusión de información digitalizada en red, de forma complementaria con los medios tradicionales.

En esta misma perspectiva convienen de manera casi unánime las opiniones de los ciudadanos y otros sectores encuestados sobre el futuro de las BP, sobre lo que de ellas esperan como servicio público para los ciudadanos de la sociedad de la información: que se modernicen, que se adapten como servicio de acceso igualitario al conocimiento en cualquier medio en que se difunda es la opción en que coinciden jóvenes y adultos, usuarios de las bibliotecas y ciudadanos que no lo son, profesionales del ámbito bibliotecario y representantes políticos de distintas administraciones y poderes del estado.

La posibilidad de que las bibliotecas públicas pervivan centrándose en la comunicación impresa y la lectura tradicional es sugerida tan sólo por el cinco por ciento de los encuestados de 14 o más años, un reducido porcentaje en el que apenas están representados los más jóvenes, pero que suponen el siete por ciento de la población de más de 35 años. Quienes creen que las BP deberán ser sustituidas por otros servicios de información modernos no pasan de significar una proporción apenas testimonial, mientras que nadie, en ningún sector, opta por la posibilidad de que desaparezca un servicio público de este tipo.

Sin duda, en el carácter unánime de esta demanda de modernización subyace un amplio consenso en que tal modernización es posible, bien porque hay suficientes referentes en la geografía española de bibliotecas que han iniciado con éxito ese camino, bien porque los valores y funciones tradicionales que se reconocen en ellas se consideren un activo importante para adaptarse a las nuevas circunstancias creadas en la sociedad de la información.

Por ello, se ha tratado de identificar, en lo posible, las debilidades internas y las amenazas externas con que se encuentran las BP para cumplir hoy un papel eficaz para todos los ciudadanos; y, a la vez, los valores que las proyectan al futuro, las oportunidades que se les abren como servicio público en beneficio de la cultura, la educación y la información. De los datos y análisis aportados en esta obra, puede cada uno extraer múltiples consideraciones al respecto y, de una manera expresa, en la Encuesta a políticos y profesionales se les solicitaba su parecer sobre los obstáculos que deberían superar y los valores que podrían potenciar las bibliotecas en las actuales circunstancias. Sus repuestas, formuladas de forma abierta, bien pueden cerrar este esbozo del perfil que presentan las BP al comenzar el siglo XXI.

Ambos sectores coinciden en señalar, como la principal amenaza que se cierne sobre las BP, la evolución tecnológica y las dificultades que ésta puede acarrear en su adaptación a los nuevos tiempos. Las dos respuestas señaladas por un mayor grupo de encuestados apuntan en esa dirección (ambas sumarían un 65 por ciento de citas), si bien desde el ámbito profesional tales dificultades parecen concretarse más en la pervivencia de cierta mentalidad conservadora y en el peligro que supondría que los bibliotecarios no redefinan su capacitación profesional ante los nuevos retos.

Pero, paradójicamente, es también la adaptación de las BP a las nuevas condiciones tecnológicas lo que se considera su mayor oportunidad y su principal valor de proyección de cara al futuro. Aunque la paradoja puede ser más aparente que real, pues viene a resolverse en el viejo aforismo de “renovarse o morir”. En efecto, lo que parece definitivamente amenazado no es la pervivencia de las BP, sino de determinado modelo de BP. El desarrollo de las TIC y su influencia en los hábitos y necesidades de los ciudadanos se perfilan como el factor que hará innecesario a la larga el viejo modelo de biblioteca basado exclusivamente en los impresos y los servicios de lectura asociados a ellos. Pero a la vez se consideran el motor de su renovación, la oportunidad de ampliar su papel democratizador de acceso a la información y de mejorar sus servicios, en un nuevo modelo de biblioteca que integra todas las tecnologías comunicativas y está abierto a todos los ciudadanos.

Entre los obstáculos señalados figuran también de manera preferente los que hacen referencia a la falta de medios y recursos adecuados, algo en lo que coinciden en mayor proporción los profesionales que los políticos (36 por ciento y 19 por ciento respectivamente), al igual que el peligro de que no haya una adecuada atención política (22 por ciento y ocho por ciento) o que perviva una escasa consideración social (11 por ciento y dos por ciento respectivamente). No saber difundirse, no encontrar su lugar en un entorno altamente competitivo por parte de los servicios comerciales de comunicación y entretenimiento, convertirse en un mero espacio físico, realizar funciones que no les corresponden, que no tenga acceso todo el mundo e incluso la desaparición de las bibliotecas pequeñas son otros problemas apuntados que podrían comprometer la viabilidad del servicio de biblioteca pública en el Estado español.

Entre sus activos, se sitúa en segundo término (el mayoritario en realidad entre los profesionales) el valor social de las BP, el hecho de estar dirigidas a todos los ciudadanos y la importancia que pueden tener para muchos ciudadanos ante las nuevas formas de exclusión latentes en la incorporación de las TIC en múltiples ámbitos de la vida de los individuos y colectivos. También merece un consenso significativo, como valor de proyección de la bibliotecas, su papel tradicional de defensa y soporte de las culturas locales, algo que adquiere mayor valor ante los peligros de la globalización cultural y que ha sido afrontado por algunas bibliotecas impulsando la incorporación de las expresiones culturales de su comunidad a la cultura global que circula en redes virtuales.

El desarrollo de nuevos servicios, de mayor eficacia interna y mejor calidad para los usuarios, es algo que valoran especialmente los profesionales, al igual que hacen con la experiencia y capacidad que muchas bibliotecas públicas han adquirido en los últimos años para trabajar en red unas con otras, para integrarse en programas cooperativos que han mostrado ya altos índices de rentabilidad y eficacia. Por su parte, los políticos destacan con mayor incidencia que los profesionales la ventaja que la tradición que tienen las bibliotecas en apoyo a los procesos educativos puede suponer a la hora de acometer programas de formación y educación de los ciudadanos en el uso de las nuevas tecnologías y sistemas de comunicación e información. En el personal bibliotecario se reconoce también un valor de cierta relevancia, no solo mostrando su confianza en la competencia profesional de muchos profesionales, sino poniendo de relieve su capacidad para orientar a los ciudadanos en un abanico de recursos informativos cada vez más diversificados y extensos, algo que tradicionalmente los bibliotecarios han venido haciendo con arreglo, no a criterios comerciales, sino en función de la calidad de tales recursos y de su adaptación al público al que prestan servicio.



[98] Al respecto, merece la pena tener presente que el principio de gratuidad de los servicios de BP se recoge en los textos internacionales  y en la propia legislación sobre bibliotecas existente en España.Las nuevas Pautas de la FIAB recomiendan expresamente la gratuidad para los servicios de Internet y para el préstamo (incluido el interbibliotecario) y plantea una consideración de interés: “Charging users for services and membership should not be used as a source of revenue for public libraries, as it makes the ability to pay a criterion in determining who can use a public library. This reduces access and therefore breaches the fundamental principle that the public library should be available to all. It is recognised that in some countries with very limited financial resources for public services a policy of 'cost-sharing' has been introduced, as a result of which subscriptions for use of the library are levied. Such charges inevitably deny access to those unable to afford them. They should be seen as an interim situation and not as a permanent feature of public library funding”. (The Public Library Service: IFLA/unesco Guidelines for Development, München, Saur, 2001, 2.4.4)




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