2.3. Préstamos de bibliotecas públicas en España
De los datos registrados por las estadísticas oficiales, además de las visitas recibidas, los préstamos realizados aportan información directa sobre resultados. El servicio de préstamo es uno de los más significativos de las BP; está íntimamente relacionado con las características de la colección ofertada, con su cantidad y su calidad; ocupa además un primer rango en las preferencias de los usuarios; y da una idea, en definitiva, del peso que pueden tener las BP como soporte de la lectura pública en la población española.
Durante el año 2000, las BP prestaron a sus usuarios 31,34 millones de documentos, casi el doble de los realizados en 1990 (16,4) y un 11% más que en 1998. Sin embargo, respecto de 1998, los préstamos crecieron un 41% en Cataluña en 2000, un 32% en Aragón y también por encima del 20% en Navarra, Murcia, Canarias y Castilla-La Mancha. El préstamo de BP creció por debajo de la media española en Andalucía, Baleares, Castilla y León, Cantabria, Galicia y el País Vasco. Y decreció en cuatro comunidades: Asturias, Madrid, Extremadura y Valencia.
El 38,7% de los préstamos realizados en 2000 corresponden a dos comunidades, Castilla y León y Cataluña, que presentan un índice de préstamos por habitante de 2,33 y 1,01 respectivamente. También por encima de la media en España se sitúan Aragón (1,30), Castilla-La Mancha (1,26), Asturias (1,21), La Rioja (1,01), Navarra (0,94) y Extremadura (0,90). Los valores más bajos en 2000 correspondieron a Canarias (0,19 préstamos por habitante), Andalucía (0,39), Cantabria, Galicia, Baleares y Madrid (entre 0,40 y 0,54).
Tampoco en las seis ciudades de más de 500.000 habitantes, con 0,55 préstamos por habitante, se alcanzaba en 2000 la media española. Por el contrario, en los pequeños municipios, por debajo de los 5.000 habitantes, se registra un índice de 0,95 préstamos por habitante al año, el más alto según el tamaño de la población. También las BP de los municipios entre 100.000 y 500.000 habitantes superan la media española, con 0,83 préstamos por habitante al año.
Entre los españoles inscritos en las BP, la media en 2000 fue de 3,97 de ejemplares prestados por persona. También aquí los usuarios más activos se registran en las BP ubicadas en municipios de menos de 5.000 habitantes, con 4,88 préstamos por prestatario, y entre 100.000 y 500.000 habitantes, con 4,12. Por comunidades autónomas, las diferencias son más acusadas: los usuarios más activos pertenecen a Aragón (6,93), La Rioja (6,15), Castilla y León (5,28); mientras que los menos activos en el servicio de préstamo pertenecían a Canarias (2,09), Baleares (2,36) y Andalucía (2,54).
Desde mediados de los años 90, al servicio de préstamo ofrecido en muchas bibliotecas se han ido incorporando materiales sonoros, audiovisuales y los más recientes electrónicos, además de los tradicionales libros. Aunque apenas un 13% de las BP españolas disponía en 2000 de una sección de estos materiales que representara al menos el 3% de la colección, en aquellas que los ofertan su importancia en el préstamo de las BP es creciente. La proporción de préstamos entre libros y otros materiales (discos, vídeos y soportes electrónicos) está variando rápidamente en favor de estos últimos. Las estimaciones a partir de los datos disponibles indican que, para el conjunto de España, el préstamo de estos materiales en BP habría alcanzado el 18% en 1999 y el 23% en 2000, sobrepasando en 2001 la tercera parte de los préstamos realizados14.
Aunque los datos disponibles sean aún parciales, señalan que estos materiales tienen en estos momentos un alto índice de utilización por los usuarios del servicio de préstamo, muy por encima de la proporción que representan en el conjunto de las colecciones. El índice de rotación, que indica las veces que por término medio es prestado cada ejemplar de una biblioteca durante un año, se situaría para el año 2000, según estas estimaciones, en un 0,6 para los libros impresos y en un 4,5 para los materiales distintos al libro.
La información disponible no permite valorar la incidencia que el préstamo de audiovisuales pueda ejercer sobre el préstamo de libros. La mayoría de memorias y estudios publicados que recogen esta información indican que, en términos absolutos, el préstamo de libros no ha dejado de aumentar, aunque en menor proporción que los otros soportes. En muchas BP la introducción de los nuevos soportes ha venido acompañada por una revitalización del uso del fondo bibliográfico, al aportar nuevos públicos e intereses. Otras informaciones apuntan a un cierto estancamiento del préstamo de los libros impresos, paralelo al despegue del préstamo de los nuevos soportes. Ésta sería, al menos, la tendencia observada en la evolución de los préstamos realizados por las 52 BP de titularidad estatal, cuya aportación al conjunto de los préstamos realizados en España ha venido significando aproximadamente la quinta parte del total (el 18% en 1990 y el 20% en 2000 de los préstamos realizados por las BP procedían de este grupo de bibliotecas).
En relación a la distribución de préstamos entre público infantil y adulto, sobre la que tampoco se dispone de datos estadísticos globales, los datos referidos a este grupo de bibliotecas de titularidad estatal arrojan una proporción del 16% de préstamos entre el público infantil y un 84% de préstamos obtenidos por personas a partir de los 14 años15. Sin embargo, los datos publicados por algunas comunidades autónomas elevan la proporción del préstamo entre los más pequeños, algo en lo que, por lo demás, coinciden todos los datos disponibles de los servicios móviles, en los que el porcentaje de usuarios y préstamos entre el público infantil se sitúa algo por encima de las dos terceras partes de total.
2.4. Los gastos en bibliotecas públicas
Los gastos corrientes asignados a las BP en España en 2000 ascendieron a 189,5 millones de euros, distribuidos en tres capítulos básicos: personal, que concentraba el 70,3% del total; gastos en adquisiciones, con el 14,5%; y otros gastos, que representaban el 15,2% del conjunto de gastos.
A lo largo de la pasada década, los gastos totales de las BP crecieron en el conjunto de España un 215%, si bien este crecimiento ha sido bastante desigual en unas y otras comunidades autónomas. La comunidad en la que más crecieron las asignaciones presupuestarias fue Cataluña, donde en 2000 se destinaba a las BP un 384% más que en 1990; también por encima del triple crecieron los presupuestos de las comunidades de Baleares, Canarias, Castilla y León y Galicia. No llegaron a crecer en un 150% entre 1990 y 2000 los presupuestos de las comunidades de Asturias, Valencia, Madrid y La Rioja.
La distribución de estos gastos entre las diferentes BP en función de su organismo titular son significativas. Las BP de titularidad municipal, a pesar de representar el 96% de las existentes, dispusieron en 2000 del 72,8% del total de los gastos, mientras que las 52 BP de titularidad estatal tenían asignado un 20,5% de los mismos.
Cerca de la mitad de las BP existentes en el año 2000, un 47%, recibían financiación exclusivamente de los ayuntamientos, instituciones que en conjunto cubren la totalidad o parte de los gastos generados por el 91 % de las bibliotecas. De las diputaciones, declaran recibir algún tipo de financiación tan sólo el 19% de las BP. Un 37% recibe alguna financiación por parte de su respectiva comunidad autónoma, si bien el grueso de los gastos que dedican los gobiernos autonómicos a las BP se concentra en aquellas bibliotecas de las que son titulares o en las que ejercen competencias directas de gestión, es decir, en las BPE. Son también estas 52 BPE las únicas que reciben aportaciones del estado para sus gastos de funcionamiento.
Más significativos que los datos absolutos, resultan las cantidades asignadas a las BP por cada habitante a lo largo de un año. En 1990, en España las BP gastaban una media anual de 1,52 euros por habitante, cantidad que en 1996 era de 3,19 y en 2000 ascendía a 4,67 euros. Esta cantidad media era superada ese año en los municipios entre 20.000 y 500.000 habitantes (4,95 euros por habitante al año), mientras que en los municipios más pequeños y en los más grandes se situaba en torno a 4,30 euros.
Las diferencias entre comunidades autónomas son también notables en este índice, aunque para valorar ajustadamente tales diferencias sería preciso tener en cuenta los diferencias existentes en costes salariales y gastos generales.
2.5. Los datos básicos de España en el contexto de la Unión Europea
Entre los países de la Unión Europea16, tan sólo Luxemburgo, Grecia y Portugal presentan en conjunto indicadores de BP por debajo de los registrados para España. Sin embargo, la distancia entre España y buena parte de los países europeos, en materia de BP, es bastante sensible. Tan sólo en el número de habitantes por cada punto de servicio presentaba España en 1998 un indicador algo más positivo que el de la media de la Unión, si bien se trata de un dato que puede resultar engañoso si no se tienen en cuenta las dimensiones en superficie y volúmenes de tales puntos de servicio, dimensiones que, como se ha visto anteriormente, en el caso de España son especialmente reducidas.
En los países europeos con un mejor servicio de BP, el número de BP y de PS, así como el índice de préstamos por habitante, se ha mantenido a lo largo de la década pasada, con una ligera tendencia a la baja. Con todo, el crecimiento registrado en España es aún insuficiente para equipararnos con la media europea, en especial si contemplamos las cifras de préstamos realizados en relación con la población.
En efecto, estas cifras sitúan a las BP españolas muy lejos del papel que cumplen en la mayoría de los países de la UE como soporte básico del sistema de lectura pública. El índice medio en los países europeos de 5 ejemplares prestados por habitante al año en 1998, cuando en España se situaba en 0,7 préstamos por habitante, resulta suficientemente ilustrativo de tal situación. También en los gastos generales que se asignan a las BP las diferencias resultan significativas: el gasto por ciudadano al año en 1998 era en España la cuarta parte de gasto medio en los países de la Unión Europea, si bien las diferencias con algunos países eran llamativas: de 16 a 1 en el caso de Dinamarca, de 12 a 1 con Finlandia, de 10 a 1 con Suecia, de 5,6 a 1 con el Reino Unido, de 5 a 1 con Bélgica, de 3,5 con Irlanda, de más del doble con Francia y Alemania…
Como se pondrá de relieve más adelante, estas diferencias tienen su lógica correlación con los datos de los recursos informativos de que disponen los ciudadanos de unos y otros países en sus respectivas BP, datos que están en la base de los distintos resultados que el servicio presenta como soporte de la lectura pública en los países europeos.