5.     La renovación de las colecciones

La renovación de las colecciones de las BP radica fundamentalmente en su capacidad para incorporar nuevos títulos, bien sea para reponer o actualizar los que se de baja por dejar de ser útiles, bien sea para incrementar la cobertura o el tamaño de la colección. Por consiguiente, en su análisis influyen los datos de adquisiciones, pero también las bajas que se produzcan y la política de conservación que tenga la biblioteca.

Las colecciones de las BP en España han tenido tradicionalmente un marcado carácter patrimonial, considerándoselas habitualmente bienes inventariables, como parte del patrimonio de la institución titular de la biblioteca. Desde esta consideración, muchas BP tienen ampliamente limitadas las posibilidades de retirar de su colección los volúmenes cuyo contenido haya quedado anticuado o que tengan una evidente falta de uso, reduciendo sus bajas a los ejemplares deteriorados o desaparecidos de forma irrecuperable.

Hace tiempo, sin embargo, que las BP han dejado de ser consideradas las bibliotecas competentes en materia de conservación del patrimonio bibliográfico. Las Pautas sobre los servicios de las bibliotecas públicas promulgadas este mismo año por el MECD establecen con claridad las directrices que deben guiar cualquier política de colección en este aspecto:

"La biblioteca pública conservará durante tiempo indefinido los materiales de su sección de colección local, pero se limitará a conservar el resto de los fondos durante el período de tiempo en el que los materiales respondan a criterios de calidad y actualidad propios de la lectura pública y a los objetivos de la biblioteca"27.

A los materiales relacionados con la cultura e historia locales se añaden, como es lógico, las secciones o colecciones de fondo antiguo e histórico que poseen cierto número de BP en España, generalmente aquellas cuya fecha de creación se remonta a las últimas décadas del siglo XIX o a las primeras del siglo XX.

En las normas de IFLA/Unesco, la política de descarte o expurgo se recomienda desde la etapa de crecimiento o consolidación de la colección, crecimiento que “se reduce a medida que las eliminaciones empiezan a compensar las adquisiciones”28, hasta que, como recogen también las Pautas… españolas, “una vez establecida la colección, el crecimiento cero debería ser uno de los objetivos prioritarios”.


5.1. Bajas y expurgos de las BP en España

Tanto como el flujo de adquisiciones, las bajas de las colecciones bibliotecarias nos dan información sobre su nivel de actualización, sobre su capacidad de renovación o sobre su nivel medio de antigüedad. Los datos estadísticos correspondientes al año 2000 registran 447.752 volúmenes dados de baja, sobre los 43,7 millones de volúmenes que reúnen sus colecciones. Es el mayor valor absoluto de bajas registrado desde 1990, y también el mayor valor relativo, dado que el porcentaje de bajas sobre el total de la colección fue del 1,03% en el año 2000, mientras que en 1998 había sido del 0,96% y en 1996 del 0,75%, el porcentaje más bajo de la década.

Se trata sin duda de unas cifras enormemente reducidas, sobre todo si se tiene en cuenta que las normas de IFLA/Unesco establecen un nivel de renovación en torno al 10% en las colecciones de BP ya consolidadas29 o, lo que es lo mismo, índices de adquisiciones y bajas equilibrados en torno al 10% anual. La escasez de bajas en las BP españolas se debe, sobre todo, a que no se producen en la gran mayoría de ellas: en el 60% no se registró ningún volumen dado de baja y en otro 21% no llegaron a 50 los ejemplares retirados de la colección durante el año 2000; en un 10% de las bibliotecas, las bajas estaban comprendidas entre 50 y 250 volúmenes; en el 4%, entre 250 y 500 ejemplares; y tan sólo en 210 BP, un 5% de las registradas, se produjeron bajas superiores a los 500 volúmenes, totalizando el 73% de los volúmenes dados de baja en 2000.

Por otra parte, la observación de las bajas producidas en las BP, agrupadas en intervalos en función de su año de creación, pone de relieve la poca incidencia que la antigüedad de las colecciones parece tener en los índices de bajas. En efecto, hay pocas diferencias en el porcentaje de volúmenes dados de baja entre las BP más antiguas y aquellas creadas en los últimos años, cuyas colecciones es lógico pensar que tengan un bajo nivel de obsolescencia. El índice de bajas en las BP creadas a partir de 1991 fue del 0,67% de los documentos, un porcentaje poco inferior al de las creadas con anterioridad a 1930, que fue del 0,76%. En las BP cuya fecha de creación corresponde a los años 80, el porcentaje de bajas fue del 1,13%; en las bibliotecas creadas entre 1961 y 1980, el 1,12%; y en las creadas de 1941 a 1960, el 1,36%.

Según los datos estadísticos, de las bajas registradas en las BP de 2000, el 96,6% correspondieron a libros y el 3,4% lo fueron de otros soportes, una distribución prácticamente igual a la observada en la composición de las colecciones (96,3% y 3,2% respectivamente); de hecho, el porcentaje de soportes audiovisuales o electrónicos que se da de baja sobre el total de los disponibles es del 1,35%, mientras que entre los libros representa el 1,03%, a pesar de la poca antigüedad media de los nuevos soportes, incorporados de 1994 en adelante.

La información aportada por el Estudio de campo en BP resulta básicamente coincidente en cuanto a la similitud en la distribución de las bajas y del conjunto de la colección en función de los distintos soportes, con la tendencia a ser mayor la proporción de bajas en nuevos soportes que la proporción que representan en el conjunto de la colección. Aporta asimismo información sobre las bajas en las secciones infantil y de adultos: el porcentaje de bajas sobre la colección es algo mayor en la sección infantil (1,7%) que en la de adultos (1,5%); y los nuevos soportes tienen un mayor porcentaje en la distribución de las bajas (9,1%) que sobre el conjunto de la colección (6,3%).

La mayor incidencia de las bajas en BP entre los volúmenes no librarios y en la sección infantil tiene su explicación en el alto índice de circulación que tienen los primeros y también, aunque en menor medida, los segundos, tal como se constaba al analizar los préstamos. A un mayor nivel de utilización corresponde lógicamente un mayor riesgo de deterioro físico o de desapariciones (por extravíos o hurtos).

Todo ello permite aventurar la hipótesis, bastante razonable, de que las bajas que se producen en las BP están motivadas casi exclusivamente por “muerte natural” (deterioro o desaparición) de los documentos descartados, sin que exista una práctica mínimamente generalizada de revisión del nivel de obsolescencia o de falta de uso e interés de las existencias, con la consiguiente merma de actualidad y calidad de la oferta bibliotecaria.

Las colecciones de las BP presentan, en definitiva, un marcado carácter acumulativo. Parten, en su creación, de lotes fundacionales de tamaño reducido y sus colecciones van creciendo con los años de manera moderada con la adquisición de nuevos volúmenes que se suman a los ya existentes, sin que ese crecimiento signifique necesariamente un incremento en la oferta de libros con contenidos actualizados, novedades literarias e intelectuales o de interés para la población. La ausencia de unas políticas articuladas de expurgo y adquisiciones hace aumentar la proporción de libros y documentos carentes de interés en las colecciones de las BP.


5.2. Crecimiento y renovación de las colecciones

El índice de crecimiento de una colección mide el porcentaje de volúmenes en que ha aumentado a lo largo de un año, en relación con las existencias a 1 de enero de ese mismo año. El crecimiento depende por tanto de las adquisiciones realizadas a lo largo del año, así como de los volúmenes dados de baja.

En conjunto y a partir de los datos de adquisiciones y bajas, las colecciones de las BP en España tuvieron, a principios de la década pasada, los índices de crecimiento más altos del período, cercanos al 9%, debido especialmente a la incorporación de nuevas bibliotecas. A partir de 1994, el crecimiento anual se estabiliza entre el 5% y el 6%.

Con el índice anual de renovación se mide el porcentaje de volúmenes nuevos que tiene una colección a finales de año. Como no todas las nuevas incorporaciones se traducen en crecimiento, ya que una parte viene a cubrir el hueco dejado por las bajas, los índices de renovación son normalmente más elevados que los índices de crecimiento.

Ambos indicadores son independientes, de manera que en una colección consolidada podemos encontrar índices de crecimiento cero (o cercanos al crecimiento cero), pero con índices de renovación superiores al 10% o el 15%. Cabe interpretar, por tanto, la distancia entre ambos como un indicador de calidad en la evolución de una colección: cuanto mayor sea la distancia entre un índice de renovación alto y un índice de crecimiento bajo, mayor es la proporción en que se renuevan los fondos existentes y, por tanto, mayor puede ser la calidad de la oferta de recursos informativos de que dispone una biblioteca.

La evolución de las colecciones de BP en España refleja índices de renovación a muy poca distancia de los índices de crecimiento, si bien esa distancia tiene una clara tendencia a aumentar, siendo de 0,2 puntos a principios de la década y de 0,8 puntos en 2000. El ligero aumento de las bajas a lo largo del período, que disminuye el porcentaje de crecimiento, queda de esta manera reflejado en el índice de renovación que, sin embargo, no llega a superar en 2000 el nivel registrado en 1994 (6,4%).


5.3. Actualidad de las colecciones y fondos patrimoniales

Si, como se ha visto, las incorporaciones de nuevos volúmenes en las colecciones de las BP en España se traducen fundamentalmente en crecimiento de la colección y, en menor medida, en renovación y actualización de los fondos existentes, es lógico pensar que dichas colecciones adolecen de un nivel medio de obsolescencia relativamente alto. Por ello, se ha intentado estimar su actualidad a partir del cálculo de la proporción de los libros disponibles en 2000 cuya incorporación se había producido en los últimos diez años. El análisis realizado con los datos estadísticos disponibles permite estimar en un 56,4% el porcentaje de libros que, a 31 de diciembre de 2000, habían sido incorporados con posterioridad a 1991 en las BP españolas30. Es, por tanto, también el porcentaje máximo de libros de que disponían en 2000 las BP cuya fecha de edición era igual o posterior a 1991.

A la inversa, el número de libros disponibles en 2000 que ya estaban en las colecciones de las BP en 1990, y que tienen por consiguiente un mínimo de diez años de antigüedad, representa el 43,6% del total de libros de las colecciones de las BP españolas. Este índice de antigüedad no puede interpretarse automáticamente como un nivel de obsolescencia, al menos si se circunscribe este concepto a lo anticuado de los contenidos, circunstancia que afecta de manera muy distinta a temas y géneros. Pero sí cabe interpretarlo como el porcentaje de libros cuya antigüedad aconseja su renovación total si se siguen las recomendaciones de IFLA/Unesco y se opta por reponer aquellos ejemplares anticuados, que han caído en desuso o no resultan adecuados a las condiciones actuales.

El nivel de antigüedad de las colecciones de las BP en 2000 presenta, por lo demás, significativas variaciones entre las distintas CA, con una desviación máxima superior a los 50 puntos, si bien la gran mayoría de las comunidades se encuentran con porcentajes entre el 40% y el 50% de libros con más de diez años de antigüedad.

El Trabajo de campo en BP (2002) también ha aportado información relativa a la antigüedad de la colección a fecha de 2000, resultando una media similar a la obtenida desde los datos estadísticos. Se ha establecido una estimación del porcentaje de libros presentes en las colecciones de las BP en 2002 que tienen fecha de edición de los últimos diez años. La proporción de documentos cuya fecha de edición es igual o posterior a 1992 es del 56,8%. Dicho de otro modo, las colecciones de las BP en 2002 incluyen un 43,2% de volúmenes cuya fecha de edición es anterior a 1992. Atendiendo al tamaño de las bibliotecas, en las de 7.501 a 20.000 volúmenes dicho porcentaje es más elevado (58,8%) que en las de tamaño medio (51,1%) y las de mayor tamaño (41,8%). Estos porcentajes guardan correspondencia con la antigüedad de las bibliotecas. Así las bibliotecas más pequeñas son, como ya se ha visto, más modernas que las medianas y éstas a su vez más que las grandes.

Por último, a falta de datos estadísticos, en el Trabajo de campo en BP (2002) se ha recogido información sobre las secciones patrimoniales (fondos históricos, de obligada conservación, de acceso restringido...) de las BP en España. Del conjunto de bibliotecas estudiadas, mencionan disponer de ese tipo de documentos, a 31 de diciembre de 2001, un 35,3% de las bibliotecas. El total de documentos de carácter patrimonial que indican dichas bibliotecas suma 1,4 millones, considerándose a efectos de estos cálculos que el resto de las bibliotecas no dispone de documentos patrimoniales. Sobre el total de volúmenes disponibles en las BP, los documentos patrimoniales podrían, por consiguiente, estimarse en un 5,5%. Un 60,8% de dichos documentos de carácter patrimonial se localiza en las Bibliotecas Públicas del Estado.

Dichos documentos tienen principalmente su origen en la desamortización (50,8%) y en donaciones (25,4%). La compra (16,5%) y el depósito legal (7,3%) participan en porcentajes menores.


27 Vid. Pautas… (2000), pág. 24.

28 Vid. Directrices IFLA/Unesco… (2001), pág. 50.

29 Vid. Directrices de IFLA/Unesco… (2001), epígrafes 4.8 y 4.9.

30 El cálculo se ha realizado estableciendo el número de libros disponibles en 2000 que no han sido dados de baja a lo largo de la década. Dado que la serie estadística con la que se ha trabajado, de 1990 a 2000, es bienal (coincidiendo con los años pares) se ha estimado el número de bajas de los años impares (no incluidos en la serie) para obtener el total de bajas acumulado desde 1991 a 2000. Deduciendo este total de bajas del total de libros disponibles en 1990, resulta el número de libros que ya se incluían en ese año y que siguen perteneciendo a las colecciones en 2000. En rigor, esa cifra de las bajas acumuladas debería corregirse a la baja, ya que no todos los libros retirados desde 1991 tienen que proceder necesariamente del conjunto de los que ya pertenecían a las colecciones en 1990. Especialmente entre los libros dados de baja de 1998 a 2000 (que representan el 40% del total de la década), es lógico pensar que también hay ejemplares adquiridos de 1991 en adelante. Por ello se insiste en que la estimación realizada ofrece el porcentaje ‘mínimo’ de libros que había en el año 2000 en las BP y que ya estaban en 1990. Este porcentaje, estimado en un 43,6%, es también el porcentaje mínimo de libros que en 2000 había en las BP españolas con fecha de edición de 1990 o anterior, ya que no todas las adquisiciones realizadas en 1991 y en los años siguientes tendrían necesariamente fecha de edición posterior a 1990.






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