El numero
de las bibliotecas públicas (BP) en España y de sus puntos de servicio (PS)
mantiene, en los últimos años, un crecimiento constante. De las 2.465 BP y
los 2.663 PS existentes en 1990, se ha pasado, en 2000, a las 4.009 BP y los
4.349 PS, lo que significa un incremento del 62,4% y 63,1% respectivamente
durante el período. Sin embargo, el crecimiento no es homogéneo en el conjunto
del territorio español, ya que la mayor parte se concentra en un número limitado
de municipios y comunidades autónomas, lo que produce profundas desigualdades
en los índices de desarrollo.
Como consecuencia
del crecimiento experimentado en la década 1990-2000, se ha generado una mejor
relación en la población atendida por cada punto de servicio, que ha pasado
de 14.978 habitantes en 1990, a ser en 2000 de 9.392 habitantes por cada PS.
También aquí es muy notable la desigualdad en el comportamiento de los diferentes
territorios y de los municipios, inversamente proporcional, en muchos casos,
al tamaño de su población.
No presenta
tan favorable evolución la superficie media que ocupan las BP en España. Así,
el 43% de las BP registradas en 2000 tenía una superficie inferior a los 100
metros cuadrados, un porcentaje que apenas ha descendido en los últimos diez
años, pues era del 44% en 1998 y del 46% en 1990. Por el contrario, tan sólo
el 8% de las BP superaba en 2000 los 500 metros cuadrados (el 6,5% en 1990).
Todo ello tiene también su influencia en el tamaño y desarrollo de las colecciones.
La población
rural que habita en los núcleos menores de 5.000 habitantes sigue teniendo
una escasa y desigual prestación de servicios de BP. Para atender a los 2,4
millones de habitantes que residen en los 5.000 municipios españoles que no
disponen de BP existían 66 bibliobuses en 2000, de los cuales tres cuartas
partes pertenecían a tres comunidades autónomas.
El número
de ciudadanos españoles inscritos como usuarios o prestatarios en las BP ha
experimentado un crecimiento significativo en la década 1990-2000 con cifras
que alcanzan un aumento del 141%. En 2000, casi dos de cada diez españoles
(19,4%) estaban registrados en las BP, sumando 4,6 millones más de los inscritos
en 1990. No obstante, 8 de cada 10 españoles siguen sin ser usuarios de las
BP.
El porcentaje
de ciudadanos inscritos en BP es similar a la media (19,4%) de toda España
en las localidades de hasta 20.000 habitantes; está por encima en las poblaciones
de entre 20.000 y 500.000 habitantes (20,4%); pero desciende hasta el 16,3%
en el conjunto de ciudades con población superior a los 500.000 habitantes.
Durante
el año 2000, las BP españolas recibieron más de 55,6 millones de visitas.
Por término medio, hubo 1,4 visitas por habitante y unas 7 visitas por cada
persona inscrita como usuario de la biblioteca.
Durante
el año 2000, las BP prestaron a sus usuarios 31,34 millones de documentos,
casi el doble de lo realizado en 1990 (16,4 millones) y un 11% más que en
1998. El índice de préstamos por habitante, que en 1990 era de 0,41, ha pasado
a ser en 2000 de 0,77 préstamos anuales por habitante. También aquí es en
las grandes ciudades donde las BP realizan menos préstamos (0,55), mientras
que en los municipios más pequeños, hasta los 5.000 habitantes, llegan a 0,95
y en las ciudades medianas, entre 100.000 y 500.000 habitantes, a 0,83 préstamos
por habitante al año. Son índices, en todos los casos, lejanos de la media
estimada para la Unión Europea en 1998, que era de 4,93 préstamos por habitante
al año.
Los volúmenes
disponibles en las BP y PS han conocido un incremento constante en los últimos
diez años; de los 21,3 millones de volúmenes de que se disponía en 1990, se
ha pasado a los 43,7 de 2000, lo que significa un incremento del 105%. De
1998 a 2000 las colecciones se han incrementado en un 13%.
Las colecciones
de las BP en España, a pesar de lo señalado en el punto anterior, son por
término medio, de tamaño reducido. Apenas una de cada diez supera los 20.000
volúmenes y el 14% de las existentes tiene menos de 2.500 documentos. El limitado
tamaño de las colecciones afecta tanto al conjunto de las BP existentes como
a las creadas en los últimos años, cuyos lotes fundacionales con frecuencia
no alcanzan una media de 5.000 ejemplares.
Las BP
españolas disponen de una media de 1,07 volúmenes por habitante. Este índice,
diez años atrás, era de 0,51 volúmenes por habitante. El crecimiento experimentado,
a pesar de su importancia, dista aún de los niveles recomendados por los organismos
internacionales (entre 1,5 y 2,5 volúmenes por habitante) o del índice medio
de los países de la Unión Europea estimado, en 1998, en 2,10 volúmenes por
habitante.
Las colecciones
de las BP en España están constituidas en un 96% por libros, que siguen siendo
la base de la oferta de lectura e información que las BP realizan, con especial
presencia de las materias humanísticas.
La introducción
de materiales sonoros, audiovisuales y electrónicos es escasa en relación
al total (representan el 3,2%) y se limita a un reducido número de BP: tan
sólo el 13% de las bibliotecas disponen de una oferta de estos materiales
que supere el 3% del conjunto de la colección, a pesar del alto nivel de uso
que reflejan las prácticas de los usuarios. La tendencia a incrementar la
adquisición de los nuevos soportes se limita a un pequeño porcentaje de BP
(el 13% de las bibliotecas adquiere el 91% de estos soportes) y tiene una
menor presencia en las secciones para el público infantil.
La escasa
adquisición de fondos distintos al libro tiene su correspondencia en la dotación
infraestructural de nuestras BP. Menos de la tercera parte de las BP registradas
en 2000 disponen de ordenadores para el uso público, reduciéndose la proporción
al 19% cuando se habla de ordenadores en red. Por otra parte, las estadísticas
de 2000 tan solo registran 186 sedes web de entre las BP españolas, lo que
supone que únicamente el 4,6% de las BP españolas ofrecían ese año servicios
o información a través de internet.
La presencia
de documentos en catalán, gallego y vasco se reduce tan solo a las comunidades
donde estas lenguas son las oficiales. El porcentaje de obras en tales lenguas
supera la mitad de los fondos de las colecciones en Cataluña y está en torno
a la cuarta parte en Galicia y País Vasco. Por otra parte, la presencia de
obras en lenguas extranjeras en las colecciones de las BP españolas es insignificante,
así como de fondos especiales para públicos específicos.
La media
de volúmenes adquiridos por cada BP era en 1990 de 768, descendiendo progresivamente
hasta los 563 en 1996 y remontando de nuevo en 1998 (602 volúmenes por biblioteca)
y en 2000 (693 volúmenes por biblioteca). Es importante resaltar que casi
dos terceras partes de las adquisiciones realizadas en 2000 se concentraron
en el 16% de las BP existentes. Por lo tanto el notable esfuerzo por poner
en marcha nuevas bibliotecas no se ha correspondido con idéntico afán en la
adquisición de sus fondos.
De entre
las 4.009 BP registradas en 2000, un 21% incorporó a su colección (por compra
o donación) menos de 100 volúmenes (no se incorporó ningún ejemplar en 240
(6%) y, en otras 600 (15%), las incorporaciones no llegaron a los 100 volúmenes).
En el 40,4% de las BP registradas en 2000, el número de volúmenes incorporados
durante el año no llegan a 250 ejemplares; el 23,3% de las BP incorporó entre
251 y 500 ejemplares; el 20,3% entre 501 y 1000; y tan sólo el 16% adquirió
una cantidad superior a los 1.000 ejemplares.
El nivel
de actualización de las colecciones de las BP españolas es escaso, con unos
índices de renovación, a lo largo de la década 1990-2000, en torno al 6%.
Poco más de la mitad de los libros disponibles en 2002, el 56,8%, tienen fecha
de edición igual o posterior a 1992, proporción que desciende al 42% en las
bibliotecas con colecciones de mayor tamaño. La antigüedad media de las colecciones
es especialmente significativa en los fondos de obras no literarias, que representan
el 60% de los títulos de las colecciones de las BP españolas.
Las colecciones
de las BP españolas presentan un carácter claramente acumulativo. Las bajas,
en 2000, apenas representaban el 1% de los documentos, lo que pone de relieve
la ausencia de una práctica sistematizada de expurgo ante los documentos que
van quedando obsoletos o en desuso.
Los índices
de adquisiciones de nuevos libros y materiales mantienen niveles insuficientes
lo que impide la actualización de las colecciones existentes. Se detecta la
inexistencia de una política articulada de adquisiciones en el 60% de las
BP, así como, en general, de planes de desarrollo de las colecciones en función
de las necesidades y preferencias de la población a la que están destinadas.
La debilidad
de las redes y sistemas de las BP españolas incide negativamente en los procesos
de adquisición y desarrollo de las colecciones. En conjunto, se estima que
las bibliotecas adquieren directamente el 50% de los documentos que incorporan
a la colección, mientras que la otra mitad les llega como aportación de los
servicios centrales de otras administraciones, lo que perturba la necesaria
articulación en los procesos de selección y expurgo.
Los gastos
en adquisiciones crecieron entre 1990 y 2000 en un 133% alcanzando la cifra
de 27,4 millones de euros, lo que representa el 14,5% del total de los gastos
de 2000. El porcentaje destinado al desarrollo de la colección se ha ido reduciendo
a lo largo del período: si en 1990 suponía el 19,5%, en 1994 era del 18,7%;
en 1998, del 16,6; y en el 2000, del mencionado 14,5%.
En el
año 2000, de los 4,67 euros por habitante que supuso el coste del servicio
de las bibliotecas publicas españolas, 0,67 euros se destinaron a ampliar
y renovar las colecciones. La media de la Unión Europea, en 1998, se situaba
en 13,35 euros para gastos totales y en 1,97 euros para gastos en adquisiciones.
El gasto
por habitante para adquisiciones de las BP en el conjunto de la UE, en 1998,
fue de 1,97 euros, 3,3 veces superior al registrado en España, donde fue ese
año de 0,60 euros por habitante.
La recomendación
general de IFLA/Unesco establece una dotación entre 1,5 y 2,5 volúmenes en
las colecciones del servicio de BP. En aplicación de dicha norma, España habría
de pasar de los 42,1 millones de ejemplares con que se contaba en 2000 a los
81,7, cantidad que prácticamente duplica las actuales existencias. Habría
por tanto que adquirir 39,6 millones de ejemplares, lo que, aplicando el precio
medio del libro en España en el 2000, 12,02 euros, supondría una inversión
de 476,1 millones de euros. Si a ello se añade un verdadero proceso de actualización,
con la aplicación del necesario expurgo de los fondos de las BP, la cantidad
a incrementar rondaría los 57,8 millones de ejemplares, con una inversión
de 696,5 millones de euros.
Recomendaciones
Parece
necesaria una decisión política que haga posible el incremento y renovación
de las colecciones disponibles en las BP, salvando las enormes distancias
existentes con la mayoría de los países de la Unión Europea. El desarrollo
de mapas bibliotecarios y de políticas coherentes de desarrollo de las colecciones
pueden ser un instrumento eficaz, acompañados por las asignaciones económicas
adecuadas.
La responsabilidad,
en una primera instancia, del desarrollo y mantenimiento de las colecciones
de las BP son sus instituciones titulares. Los ayuntamientos deben, pues,
asumir compromisos más consecuentes en este sentido y deben recibir el apoyo
y asistencia que precisan desde los servicios centrales y otras administraciones.
Las aportaciones de las diputaciones y los gobiernos autonómicos, que, salvo
contadas excepciones, se limitan a las bibliotecas y servicios que gestionan
directamente, resultan imprescindibles para la mayoría de los municipios e
insustituibles para los habitantes de los pequeñas localidades que no disponen
de biblioteca.
Los libros
de que disponen los ciudadanos españoles en las BP deberían duplicarse en
un plazo de tres a cinco años para alcanzar los índices recomendados por los
organismos internacionales. El déficit de libros en España, con los datos
del año 2000, se situaría en 36,9 millones de libros, a los que habría que
sumar la necesaria renovación o actualización de una cantidad superior a los
18 millones de libros.
Los soportes
sonoros, audiovisuales y electrónicos no pueden seguir al margen de las colecciones
de una mayoría de BP en España. Es preciso ampliar la incorporación de soportes
distintos al libro.
Aumentar
la conexión a internet de las PB españolas, tanto para facilitar acceso de
calidad a los usuarios, como para prestar servicios bibliotecarios a través
de la red, y mejorar la gestión de los servicios y centros bibliotecarios.
Mejorar
la articulación de las redes y sistemas bibliotecarios, estableciendo procesos
de trabajo cooperativo entre las bibliotecas y los servicios centrales, y
entre sus profesionales, en la selección, adquisición y desarrollo de las
colecciones.
Establecer
sistemas y herramientas que permitan una ágil renovación de las colecciones,
sistematizando y facilitando los programas de expurgo, mejorando los procedimientos
de adquisición, acortando los tiempos en que las novedades o desideratas están
disponibles para el usuario, etcétera.
Desarrollar
secciones con libros y otros materiales en idiomas extranjeros y en las lenguas
vernáculas del Estado español; desarrollar fondos especiales para públicos
específicos, fondos musicales, de apoyo a la formación permanente.
Mejorar
la accesibilidad de las colecciones y demás recursos informativos. Es urgente
la generalización de catálogos automatizados en todas las bibliotecas y redes,
no solo para mejorar la gestión de las colecciones, sino sobre todo para facilitar
a los ciudadanos un acceso más fácil a los recursos informativos del conjunto
de bibliotecas de un sistema o red.
Mejorar
la imagen de las colecciones y recursos informativos de las BP como un recurso
dinámico, siempre al servicio de los ciudadanos y en permanente renovación.